Regresar

Con él, todo

Matutina para Android

Play/Pause Stop
«Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí». Gálatas 2: 19-20

DESPUÉS DE HABER RECIBIDO diecisiete disparos quedé postrado en una cama, sin poder mover las piernas y con la posibilidad de que me las amputaran. Mientras estuve en cama me preguntaba: «¿Por qué a mí, Dios? ¿Por qué mi hermano tuvo que morir?». El dolor y la angustia me hicieron tocar fondo y comprender que mi orgullo y mis malas decisiones provocaron graves consecuencias. Fue en aquel momento cuando decidí clamar al Señor y rendirme a él. Oré: «Padre, perdóname porque soy un pecador. Por favor, devuélveme mis piernas. Si lo haces te prometo servirte todos los días de mi vida». En medio de aquel mar de llanto tuve mi primer encuentro con Dios; y por primera vez experimenté paz.

Al día siguiente, llegó el terapeuta a mi habitación, y con el entusiasmo que lo caracterizaba me dijo:

-Juan, alístate que hoy tú vas para arriba.

Dudando de lo que me decía, le refuté:

-No juegues con mis sentimientos; tú sabes que yo no puedo.

-Ten fe -continuó diciéndome-. Confía en Dios.

Aquella mañana, por primera vez en mucho tiempo, volvía sentir mis piernas, pude experimentar el poder de la oración. Dios me levantó, me sanó y me restauró. No creo que sea necesario que tengas que pasar por esto para conocer al Señor. Sin embargo, si te encuentras en una situación similar, ábrele la puerta de tu corazón a Jesús

Hoy es un nuevo día, hoy puedo decir como Pablo: «Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí». Ocho meses después estudié la Palabra de Dios y actualmente soy estudiante de Teología en la Universidad Adventista de las Antillas, en Mayagüez, Puerto Rico.

Si Dios cambió mi vida también puede cambiar la tuya.

 

Juan Mendoza Quiles

Puerto Rico


Envía tus saludos a: