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De las pandillas al ministerio -Primera parte-

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«Pero Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados». Efesios 2: 4-5

LUEGO DE LA SEPARACIÓN de mis padres, mi madre tomó la iniciativa de llevar me a vivir con mi abuela. Ella lo dio todo por mí, pero como sucede en muchos casos, la calle pudo más y a temprana edad empecé a andar en malos pasos. Mi abuela, que era cristiana, me ensañaba de la Biblia y me la leía todos los días. Pero la realidad es que no era mi prioridad conocer a Cristo.

A los quince años mi abuela decidió enviarme con mi padre. Él tenía una nueva familia y estaba viviendo en el interior del país. Mi vida siguió dando tumbos hasta que mi padre, ya cansado me envió a mi antiguo barrio. Cada vez que llegaba a la casa de mi abuela entraba a su habitación y la encontraba de rodillas, muchas veces a altas horas de la noche. Yo me acercaba y le decía: «Abuela te quedaste dormida orando, levántate no te duermas así» pero ella me respondía: «Hijo, yo no estoy dormida, estoy orando a mi Dios para que te cuide y te saque de esa vida».

Pasado el tiempo viví una experiencia que me llevó a reflexionar. Vi a dos hermanos de sangre amenazarse de muerte con armas de fuego. Cansado de ver tanta violencia y maldad recordé a mi abuela e hice algo que jamás había hecho, me arrodillé y oré a Dios: «Dios, yo no te conozco, me parece que ni creo en ti, pero si tú existes y me amas como dicen, sácame de esta vida y dame otra, tal vez no creo en ti pero si me amas y existes sácame de esto. En el nombre de Jesús. Amén».

Un día me encontraba en casa de unos amigos cuando dos personas con aspecto de religiosos tocaron la puerta. Ninguno de mis amigos quiso atender, así que yo fui. Me preguntaron si conocía a Jesús y si me gustaría saber más de él a través de la Biblia. En ese momento recordé la oración que había hecho y contesté afirmativamente. Les mostré cuál era mi casa y acordaron visitarme la semana siguiente. Ese día mi vida empezó a cambiar.

¿Quieres saber cómo termina mi historia? Mañana te lo contaré.

 

Ulises Quintana Valdés

Panamá


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