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¿Dónde está tu corazón?

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«Pues donde esté tu riqueza, allí también estará tu corazón». Mateo 6: 21

CUANDO TENÍA DOCE AÑOS, mis padres, mis hermanos y yo nos mudamos a otra ciudad en busca de más oportunidades de estudio y trabajo. Mis padres lograron establecer un negocio en un centro de comercio de una pequeña población. Al principio no fue fácil, como todo inicio. Apenas lograban hacerle frente a los gastos del hogar. Con el tiempo, mis padres descubrieron que algo les faltaba en su estilo de vida cristiano: «descubrieron» los principios de la mayordomía cristiana. De inmediato mis padres se hicieron socios con Dios. Decidieron ser fieles en los diezmos y las ofrendas. A partir de ese momento el negocio comenzó a prosperar, a crecer y a florecer. Y las bendiciones no se hicieron esperar.

En lo que a mí respecta, de pequeño padecí varias enfermedades crónicas respiratorias y hepáticas. Los médicos no me daban muchas esperanzas de curación; pero mi madre creía todo lo contrario, por eso oraba mucho por mí. Sabía que la confianza en Dios es lo primero, lo mejor y lo más importante. Con el tiempo, mis enfermedades desaparecieron por completo.

Mis hermanos mayores, un hermano y una hermana, terminaron la secundaria y comenzaron sus estudios universitarios. Después me llegó el turno y finalmente a mi hermano menor. Todos terminamos una carrera universitaria, gracias a las bendiciones que Dios derramó sobre nuestra familia.

Gracias al ejemplo de nuestros padres, mis hermanos y yo aprendimos los principios de la mayordomía cristiana y hoy los practicamos también.

Cuando me casé experimenté otro milagro. Mi esposa quedó embarazada pero los médicos nos alertaron sobre la posibilidad de que nuestro hijo naciera prematuro y con ciertos problemas de salud, pero gracias a Dios nuestro hijo nació de parto natural, sano y fuerte y es la alegría del hogar.

Hoy, mi esposa, nuestro hijo y yo, estamos seguros de que la mano de Dios nos acompaña. Gozamos de buena salud y tenemos todo lo necesario. Aprendimos que poner a Dios en primer lugar, es la mejor elección que podemos tomar.

Hoy te animo a colocar tus tesoros en las manos de Dios, pues donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.

 

Alexis Adrián Romero Meléndez

El Salvador


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