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El antídoto para la preocupación

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«No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús». Filipenses 4: 6-7

MIENTRAS ESTUDIABA EN BARBADOS en 2014, siguiendo el consejo de una amiga, empecé a escribir mis oraciones. Ella había estado escribiendo sus oraciones y me animó a que hiciera lo mismo. El objetivo era escribir mis oraciones dos veces al día, mañana y tarde, y ver cómo Dios actuaba. Los estudiantes se enfrentan a muchos problemas a veces, por lo que tener una vida de oración activa es siempre importante para la supervivencia.

Cada día escribía mis oraciones, comenzando por darle gracias a Dios por su bondad, y luego escribiría acerca de problemas particulares que me preocupaban ese día: mi vida espiritual, amigos, un examen inminente, las finanzas, la familia y otras situaciones similares.

Al principio simplemente estaba siguiendo el consejo de mi amiga y no sabía qué esperar. Con el tiempo, sin embargo, me encontré leyendo las oraciones anteriores y comparándolas con las oraciones que había escrito recientemente, vi cómo Dios había respondido a las oraciones del pasado. Me emocioné mucho porque no era simplemente Dios respondiéndome a mis oraciones, sino que tenía los hechos fehacientes justo ahí frente a mí.

Recuerdo haber escrito acerca del miedo que tenía de tomar ciertas decisiones en particular, y quería la dirección de Dios y que él las condujera, o cuando había fallado y necesitaba perdón. Observé que cada oración se desarrollaba en el propio camino y tiempo de Dios. Por supuesto, hubo momentos en los que tuve que esperar, o cuando no obtuve la respuesta que yo esperaba, pero aun así tenía la certeza de que Dios estaba obrando en todo para mi bien.

Esta experiencia ha hecho aumentar mi fe en Dios. Así que, a veces, cuando me siento tentada a preocuparme, al acordarme de las oraciones que escribí, me recuerdo a mí misma cómo Dios ha intervenido en mi vida muchas veces en el pasado. También he aprendido a tener paciencia y la importancia de esperar en Dios.

Después de todo, el Señor sabe lo que es mejor para mí.

 

Claudeen Stewart

Jamaica


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