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Pagado en su totalidad

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«Por lo tanto, mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús». Filipenses 4: 19

EN SEPTIEMBRE DE 2013 EMPECÉ mi último año de la licenciatura en la Universidad de las Indias Occidentales de Cave Hill, Barbados. Por primera vez, solo tenía dinero para cubrir la matrícula y la pensión de un semestre. No tenía ni idea de cómo costearía el coste del segundo semestre. Cuando llegué hablé con mi casero durante dos horas. Me dijo que él y su esposa estaban allí para ayudar, y que no debía de tener miedo de acudir a él si alguna vez necesitaba algo.

El primer semestre pasó bastante rápido y pronto llegaron las vacaciones. Me quedé en Barbados, pues me resultaba más económico. Al poco tiempo, la escuela iba a comenzar, y no tenía nada para la matrícula o el alquiler. El día previo al vencimiento del alquiler de enero, acudía mi casero y le expliqué mi situación. Me dijo que no me preocupase. En febrero, fui capaz de pagar el mes de enero y la mitad de febrero gracias al dinero recibido de la asociación de estudiantes y lo que me enviaron desde casa.

Seguí orando a Dios, pidiéndole ayuda para mi situación financiera. Había días en los que el desánimo se apoderaba de mí y me quedaba en mi habitación y lloraba de la impotencia. Mi familia no tenía los recursos para ayudarme, por eso no le conté a mi madre los problemas que estaba atravesando. Lo que me mantenía era recordar todo lo que Dios había hecho por mí en el pasado y el ánimo que me infundían mis amigos.

Los meses pasaron y seguía sin ser capaz de pagar mi renta. Cuando era la hora de marcharme en mayo, estaba preocupado y tenía miedo de acercarme a mi casero. Cuando finalmente acudía proponerle un plan de pago, me dijo: «No nos debes nada; no te preocupes». Me quedé boquiabierto y quise llorar.

«Recibiremos día tras día lo que necesitamos para el presente. Diariamente debemos pedir: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy". No nos desalentemos si no tenemos bastante para mañana», aconseja Ellen G. White (Ser semejante a Jesús, p. 11).

Aun sin saberlo el Señor ya había pagado el alquiler en su totalidad.

 

Denise McPherson

Jamaica


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