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¡Mi padre se va a encargar!

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«Y todo lo que ustedes, al orar, pidan con fe, lo recibirán». Mateo 21: 22

NO PUEDO RECORDAR CON EXACTITUD qué verano fue, pero fue el verano que releí un libro titulado Think Big. Llegué a la parte del libro donde los amigos del autor, Ben Carson, le preguntaron cómo iba a pagar su matrícula universitaria. Él les dijo: «Mi padre es el dueño de la escuela». Mientras que ellos pensaron que eso hacía mención a su padre biológico, él se refería a su Padre celestial. Afortunadamente para él, sus amigos siguieron investigando acerca de sus obligaciones financieras para con la universidad. Me hubiese gustado haber pasado por la misma experiencia que Carson, pero cuando pronuncié las mismas palabras mis amigos siguieron cuestionándome.

Allí estaba yo, en el avión, regresando a la universidad para encontrarme con una deuda de más de novecientos dólares del semestre anterior. De modo que, al igual que los amigos del Dr. Carson, mis amigos querían saber cómo pensaba inscribirme con una deuda tan elevada que tenía pendiente. La respuesta daba vueltas en mi cabeza, la misma que había ensayado anteriormente: «Mi padre se encargará».

Uno de mis amigos contestó sorprendido: «¿Qué? ¿Tu padre te ha dado dinero para la escuela? ¡Nunca te apoya!». De inmediato corregí a mi amigo y repliqué: «Me refiero a mi Padre celestial». Esperé incómodamente lo que sabía que iba a suceder. Se rieron tanto que acabaron llorando. Las palabras de otro de mis amigos me azotaron cual látigo: «¡No me puedo esperar para verlo!».

Llegamos al campus, nos instalamos, y comenzamos el proceso de registro. Llevé a cabo todo el proceso, comencé las clases y cuando me dirigía las oficinas para realizar el pago me encontré de nuevo con mi amigo. «Así que -comenzó mi amigo-, ¿cuál es tu estado de cuentas?». Respiré profundamente, miré el papel que contenía mi estado de cuentas y allí estaba. Balance: ¡Cero! Mis manos comenzaron a temblar a la vez que agitaba el papel y gritaba: «¡Gracias, Jesús!».

Nunca supe a ciencia cierta qué ocurrió aquel día, lo que sí sé es que ¡mi Padre se había encargado!

 

Nadia A. King Rodríguez

Bahamas


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