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¿Por qué no yo?

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«Ahora vemos de manera indirecta, como en un espejo, y borrosamente; pero un día veremos cara a cara». 1 Corintios 13: 12

LLORÉ, LLORÉ… Y SEGUÍ LLORANDO, hasta que me dije: «Está bien. Es hora de que salga de esto y lo enfrente con todas mis fuerzas».

Ser diagnosticada de cáncer de mama en fase dos, con apenas treinta y tres años fue una experiencia de las que cambian tu vida. Caí en depresión y no era capaz de salir de ella. Escuchar de casos de personas que han muerto a causa de esta enfermedad, o de los tratamientos a los que tenían que someterse, me ponían aun peor. Mi decisión de luchar me supuso un cambio de vida y me llevó a colocar toda mi esperanza en Dios.

Cuando, dos años más tarde, el cáncer reapareció, mi fe se esfumó. Siete intervenciones quirúrgicas, cinco meses de quimioterapia, y un mes de radiación después. Estaba desesperada, y empecé a hacerle preguntas a Dios. «¿Por qué yo? ¿No he sido suficientemente fiel?». Comencé a perder la esperanza y casi me rindo de nuevo. Pero por la gracia de Dios las visitas a los médicos fueron finalmente reducidas a cada seis meses, y luego una vez al año. ¡Alabado sea el Señor!

Los periodos entre revisión y revisión médica no estaban de ninguna manera exentos de problemas. Hubo varios sustos y pruebas durante el camino, pero cada vez que pasaba por un momento de prueba salía airosa, recordando que Dios es fiel. Como seres humanos, a veces es difícil conservar la fe, pero una actitud positiva, el apoyo de la familia y amigos, un montón de oraciones a diario, y la lectura de las Escrituras son grandes fuentes de estímulo.

En una carta dirigida a su hijo Willie, Ellen G. White escribió: «Satanás lo intentará y te probará. Pondrá en tu camino todos los obstáculos posibles, pero debes seguir adelante con fe, esperanza y valor. [...] Nunca, nunca desfallezcas» (Carta 19d, 1874).

Han pasado ya quince años y todavía estoy aquí para contarlo. Esta experiencia me ha transformado espiritual, física y mentalmente. Hoy en día soy una persona completamente diferente. Dios me ha llamado a este viaje especial que aun continúa. Es por su gloria por la que cargo esta cruz, mientras que me fortalece a mí y a otros. Después de todo, él nunca nos dará más de lo que podamos soportar. Así que ahora, en vez de preguntar: «¿Por qué yo?», pregunto: «¿Por qué no yo?»

 

Bridgette Bell-Bastian

Bahamas


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