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Firme frente a la prueba

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«Cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla». 1 Corintios 10: 13

RECUERDO QUE PARA PODER graduarme en la universidad tuve que repetir un examen de una de las asignaturas más difíciles que teníamos. Un día, el profesor reunió a todos los estudiantes que teníamos que repetir el examen y nos anunció que tendría lugar un sábado por la mañana. Tan pronto como se hizo el anuncio me puse en contacto con el director y le expliqué que no podía tomar el examen porque, como ya sabían, era adventista del séptimo día. El director se limitó a decirme que si no podía tomar el examen era mi problema, y que no iba a poder graduarme.

Inmediatamente me dirigí a las oficinas de la iglesia y me dieron una carta del presidente de nuestra Asociación en la que solicitaba que me permitieran tomar el examen durante otro día. Cuando le entregué la carta al director, la rechazó con frialdad. Oré mucho. Mientras dirigía el repaso de la lección de Escuela Sabática con mi clase de adolescentes el sábado del examen, recibí una llamada. Pensé que serían buenas noticias. Tomé la llamada y era el director de la escuela, simplemente me dijo: «Así que no has venido a tomar el examen. Habrías sido uno de los mejores graduados, pero ahora no te graduarás», y colgó. Me quedé inmóvil durante un instante y luego continué con la clase. Seguí orando y no me di por vencido a pesar de que no tenía más posibilidades.

El lunes siguiente, temprano en la mañana, recibí una llamada inesperada de mi profesor pidiéndome que asistiera a la escuela el martes por la mañana. Fui y estuve allí sentado durante un tiempo, orando y esperanzado. Milagrosamente me llamaron para tomar el examen en la oficina central de la escuela. Dios me bendijo con la mejor nota de mi grupo y me gradué con honores.

Isaías 58: 13-14 contiene una promesa: «Respeta el sábado [...]. Si haces esto, encontrarás tu alegría en mí, y yo te llevaré en triunfo sobre las alturas del país». Sé que has leído muchas reflexiones y testimonios de otros jóvenes que, como yo, decidieron observar el sábado. Hoy quiero repetirte una gran verdad: Dios bendice a los que guardan sus mandamientos.

Él lo hizo conmigo y lo puede hacer contigo también.

 

Eduard Michel

Curazao


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