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Un legado duradero

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«Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa». Deuteronomio 6: 6-9

HACE POCO, MI HERMANA empezó a confeccionar modelos exclusivos de ropa, continuando el legado que había dejado nuestra madre, que era costurera. A medida que he ido creciendo me he dado cuenta de que mi madre nos dejó, a mis hermanas y a mí, una herencia mucho más valiosa que el mero conocimiento de cómo confeccionar prendas. Ella nos mostró con su ejemplo lo que era vivir una vida de fe.

En muchas ocasiones, mis hermanas y yo tuvimos que conformarnos con muy poquito, para que otra persona, que no tenía nada, pudiera tener algo. Otras veces nos enseñó a «renunciar a nuestros derechos» para alcanzar la paz y, aquellos que la conocieron, pueden afirmar que era una Dorcas moderna. Antes de que conociéramos las palabras de la Biblia, aprendimos de sus acciones lo que conlleva servir a Cristo.

En el libro de Deuteronomio, el Señor nos dice que debemos inculcar su ley en nuestros niños al levantarnos, al acostarnos, mientras caminamos y cuando traba jamos. Cuando está grabada en el corazón, la ley no resulta en simples palabras dichas, sino que se hace evidente en cada aspecto de nuestras vidas. Cuando pienso en mi educación, atesoro lecciones que aprendí hace décadas. Las deficiencias de mi carácter salen a la luz y oro para que el Señor realice en mí la transformación necesaria, de manera que sus mandamientos se arraiguen en mi corazón y dirijan mis pensamientos, mis palabras y mis acciones.

«Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continua mente a tus hijos» (Deuteronomio 6: 6, 7). Que el Señor Todopoderoso lleve a cabo la cirugía necesaria para transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne, de manera que podamos dejar un legado duradero al vivir la ley y al desarrollar un cristianismo práctico.

 

Andrea Francis

Islas Turcas y Caicos


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