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Sáname, Señor

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«Sáname tú, Señor, y seré sanado; sálvame tú, y seré salvado, pues solo a ti te alabo». Jeremías 17: 14

LOS ACCIDENTES DE TRÁFICO son muy frecuentes, también por supuesto en mi pequeño país, Belice. Aunque siempre he sentido compasión por las víctimas, ¡nunca pensé que yo llegaría a ser una de ellas! El 10 de abril de 2015, el día del cumpleaños de mi madre, mi amiga Yareli y yo decidimos acompañarla al Departamento de Tráfico para que renovara su licencia de conducir y para gestionar los documentos de nuestra camioneta. Teníamos grandes planes para el domingo: Mi tío iba a preparar una comida especial para celebrar el cumpleaños de mamá, e íbamos a pasar el día en la laguna; de ahí que fuera tan importante que renováramos su licencia de conducir. Todos estábamos emocionados deseando que llegara el domingo, especialmente por el calor que estaba haciendo esos días.

Una vez finalizamos los trámites de las licencias, nos dirigimos a una estación de servicio para echar combustible. No habíamos recorrido ni un kilómetro cuando la tapa del motor de la camioneta se levantó y se soltó; golpeó el parabrisas y mi madre pisó a fondo el freno; después de aquello no recuerdo nada. Mi amiga y yo íbamos sentadas en la parte trasera de la camioneta, así que cuando mi madre dio aquel frenazo ¡caímos a la carretera! Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en la habitación del hospital.

Ambas sufrimos fractura de cráneo. El dolor era muy fuerte y tuvieron que alimentarnos por sonda, pues no podíamos ni comer ni beber. El médico dijo que, si respondíamos al tratamiento, no necesitaríamos cirugía.

Estuve dos semanas ingresada, y después regresé a casa, aunque tenía que acudir regularmente a la consulta de neurología. Después de cuatro estudios quedó claro que me estaba recuperando favorablemente, pero mi vida no era la misma. Echaba de menos jugar al fútbol y hacer otras actividades; tuve que evitar el deporte y el ejercicio durante dos años. No obstante, entendí que podía haber sufrido mucho más si el Señor no hubiese sido tan misericordioso conmigo.

Al momento de escribir esto ya he vuelto a clases y, gracias a Dios, espero que todo continúe bien.

He aprendido que no importa a qué retos deba enfrentarme, Dios no me abandonará y por eso siempre le estaré agradecida.

 

Briana Martin

Belice


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