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Cuando Dios responde antes de que lo llamemos

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«Antes que ellos me llamen, yo les responderé antes que terminen de hablar, yo los escucharé». Isaías 65: 24

DESPUÉS DE HABER APARTADO EL DIEZMO solo me quedaron ocho dólares en la Cuenta bancaria. Me sentía bien cuando pensaba que era fiel a Dios, pero me preocupaba al pensar que, si surgía algún imprevisto, ya no tendría fondos para hacerle frente.

Esa misma semana me pidieron que moviera un vehículo porque estaba bloqueando la salida de otro auto. No estaba autorizado para hacerlo, pero acepté de todas maneras. Por desgracia, al dar marcha atrás, golpeé a otro vehículo que estaba estacionado y se rompieron las luces traseras. Me había metido en serios problemas, así que hice lo único que podía hacer en esa situación: orar para que Dios resolviera la situación.

No lograba localizar al propietario del otro vehículo, así que dejé mis datos y esperé su llamada aterrado. Unos minutos más tarde, susurré otra oración y luego llamé por teléfono al dueño de nuestro auto. Para mi sorpresa, el dueño era pastor, y no se enfadó cuando le expliqué lo que había sucedido. Estaba dispuesto a negociar las reparaciones y evitar que su compañía de seguros o mis superiores intervinieran en la situación.

Conseguí la pieza de repuesto acudiendo a los distribuidores locales pero, para mi desgracia, costaba cientos de dólares. Sin embargo, Dios ya había intervenido mucho antes de elevar mi oración, e incluso antes del accidente: la pieza de recambio no estaba disponible en el almacén. Cuando finalmente llegó, varios meses después, la organización con la cual trabajaba como voluntario me había contratado. Si eso no fuera suficiente motivo de alegría, también pude conseguir la pieza con un gran descuento.

Realmente el Señor responde antes de que lo llamemos y, mientras le hablamos, él nos escucha.

Hoy compartí mi experiencia contigo porque creo que así como él me ayudó incluso antes de que yo se lo pidiese, sé que también puede hacer lo mismo por ti. ¿Por qué no le das hoy una oportunidad en tu vida? Puede que seas testigo de un milagro incluso antes de pedirlo.

 

Terence Haynes

San Vicente y las Granadinas


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