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Entusiasmado con Jesús

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«Dale buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará» Proverbios 22: 6

NACÍ EN UN HOGAR ADVENTISTA, disfruté del estilo de vida cristiano con amigos y familia. Cuando me bauticé, me convertí en la cuarta generación de adventistas de mi familia. Durante mis años de escuela secundaria estalló la guerra de Vietnam. Siendo todavía adolescente, fui reclutado por el ejército y enviado a Corea como enfermero. La vida era incierta, y observar el sábado no era fácil. Algunos de mis comandantes se oponían a darme ese día libre, pero siempre pude adorar a Dios junto a otros creyentes cada semana. En una de esas ocasiones, mi unidad fue atacada en pleno sábado. Estoy seguro de que Dios me salvó la vida ese día.

Después de regresar a los Estados Unidos, retomé los estudios universitarios. Me convertí en lo que yo llamaría un «adventista culto». Al igual que muchos otros jóvenes, mi actitud era: «No estoy seguro de todos los acontecimientos futuros que Dios ha planeado para este mundo, pero voy a vivir una vida honesta y recta y espero que él piense que soy una buena persona».

Con esa misma actitud y visión del mundo, viajé a Europa por primera vez. Estaba impresionado por la belleza y la cultura. Al llegar a un pueblito aislado recuerdo haber pensado: «Quizás si aprendo a arreglar relojes y vivo en este pueblo aislado en la montaña, cuando Jesús regrese, me invitará a irme con él».

Gracias a la providencia de Dios, no me quedé en ese pueblo. Viajé a París, donde conocía mi futura esposa. Ella era una buena persona proveniente de una buena familia, y cuando comenzamos a estudiar las Escrituras juntos, especialmente las profecías, su entusiasmo resultó contagioso. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba equivocado: no es mi bondad, sino la de Cristo, la que provee una vida plena, tanto ahora como en la eternidad.

Desde ese día, me presenté ante Dios y me dediqué a una vida de servicio y estudio de la Biblia. Alabo a Dios por su misericordia infinita y por su constante invitación llamándonos a su luz maravillosa.

¿Sabías que la Biblia es contagiosa? Hoy te animo a leerla y a experimentar en tu vida el poder transformador de la Palabra de Dios. A mí me llevó de ser un cristiano mediocre a servir en el ministerio. ¿Adónde te llevará a ti?

 

Wally Amundson

Estados Unidos


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