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El rompecabezas de mi vida

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«Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo». Jeremías 29: 11

NACÍ EN FRANCIA, en una familia de siete niñas y un niño, y crecí en la década de 1950, justo después de la Segunda Guerra Mundial. Mis padres eran católicos tradicionales, nos enviaban semanalmente a la catequesis, pero ellos no iban a la iglesia salvo para eventos especiales como bautizos, comuniones, bodas y funerales.

Cuando tenía doce años me sentí conmovida por el amor, la vida de sacrificio y muerte de Jesús, pero cuando tenía quince años dejé de asistir a la iglesia. No en tendía lo que se enseñaba durante la misa, ya que la realizaban en latín. Al mismo tiempo, buscaba el sentido de la vida. Poco a poco me vi influida por la filosofía existencialista, que era popular en esa época.

Once años más tarde mi vida dio un giro, cuando conocía mi futuro esposo, que estaba visitando París proveniente de los Estados Unidos -sí, el mismo que te contó su experiencia ayer-. Bajo estas circunstancias providenciales viajé a los Estados Unidos, donde visité a su familia adventista en California. Allí descubrí el mensaje bíblico de la esperanza y la salvación por la fe y la gracia que Dios nos ha enviado a cada uno de nosotros.

Durante el tiempo que estuve estudiando las profecías de Daniel y Apocalipsis con el pastor local, todo el rompecabezas de mi vida, cuyas piezas habían sido esparcidas por todos lados, comenzaron a unirse y a formar finalmente el maravillo so rostro de Jesús. Inmediatamente después de nuestra boda, mi flamante esposo y yo dedicamos nuestras vidas a servir a Dios, primero en Honduras, después en África y por último en la División Interamericana.

Ahora, en la parte final de mi existencia terrenal, pues estoy en mi séptima década de la vida, me doy cuenta de que Dios tiene, desde el principio, un propósito para cada uno de nosotros, tal como lo tenía para mí. Quizás no comprendas las vueltas que da tu vida, ni por qué suceden ciertas cosas, pero más adelante lo comprenderás. Un día mirarás tu pasado y comprenderás que Dios te ha estado guiando hacia un destino glorioso, que él tiene planes de bienestar para tu vida y desea hacerlos realidad.

¿Te animas hoy a darle la oportunidad al Señor?

 

Christine Amundson

Francia


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