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¿Qué camino seguir?

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«Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir». Salmo 32: 8

UNA GUERRA CIVIL azotaba mi país. Durante esa negra página en la historia de mi nación los jóvenes eran perseguidos, encarcelados y asesinados, por sospecha de ser guerrilleros. Por eso, muchos jóvenes colaboramos con la guerrilla, decididos a dar la vida por «la causa». La revolución triunfó, los jóvenes dejaron las montañas para ser militares o civiles y en ese grupo me encontraba yo, preguntándome: «¿Qué camino seguir?».

La providencia divina me guió hasta al sepelio de un compañero, asesinado accidentalmente por su guardaespaldas. Al salir del cementerio caminé hasta llegar a la Iglesia Adventista, estaban abriendo, decidí entrar, descansar y salirme cuando vinieran a recogerme. El vehículo nunca pasó, así que escuché el sermón de ese día y me gustó el mensaje. Al salir de la iglesia lo felicité por el tema y me dijo: «Gloria a Dios, pues prediqué pero no sé leer». Me insistió hasta que le prometí que seguiría asistiendo a la semana de oración. Al cuarto día, el predicador hizo el llamado. ¿Qué haría? ¿Qué camino seguir? ¿Sigo disfrutando placeres mundanales o sigo el camino cristiano? Ese día la Palabra de Dios tocó mi corazón, pasé al frente, me entregué a Jesús y fui bautizado el sábado siguiente.

Ahora, nuevamente volvió la pregunta a mi mente: «¿Qué camino seguir?», si antes ofrecí mi vida a una causa política, debía también dedicar mi vida a la causa de Dios o a prepararme para ganar dinero. El pastor me dijo: «El camino es colportar y estudiar para pastor». Le pregunté cómo hacerlo y me explicó: «Yo te daré las revistas, las vendes en paradas de autobuses o de casa en casa, la mitad de lo que vendas es tuyo». Después de orar la influencia del Espíritu puso en mi corazón la idea de ir a un pueblo vecino y en quince días vendí todas las revistas, fui a una escuela de colportores, trabajé cuatro meses, y gracias a Dios, gané la beca de un año para estudiar Teología.

Como joven, cada día enfrentas encrucijadas y te preguntas: «¿Qué camino seguir?», así que hoy quiero animarte a que abras tu corazón a la influencia divina. Cristo puede mostrarte hoy el camino que debes seguir.

 

Víctor Burgos

El Salvador


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