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No callaré

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«Has cambiado en danzas mis lamentos; me has quitado el luto y me has vestido de fiesta. Por eso, Señor y Dios, no puedo quedarme en silencio: ¡te cantaré himnos de alabanza y siempre te daré gracias!». Salmo 30: 11-12

CREÍA TENER TODO BAJO CONTROL, pero no era así, a mis dieciséis años me diagnosticaron repentinamente leucemia linfoblástica y mi vida dio un giro. Durante el siguiente año recibí ocho sesiones de quimioterapia estando hospitalizada aproximadamente veintiocho días en cada una de ellas.

Había estado en cama por varios días, no había podido tomar un baño y quería hacerlo. Mi madre, quien siempre estuvo a mi lado, le comentó al doctor y este dijo que podía hacerlo. Estaba en un cuarto aislado pues durante el efecto de la quimioterapia mis defensas estaban muy bajas y podía enfermarme fácilmente, así que tenía un baño propio.

Cuando terminé de bañarme empecé a sentir un poco de cansancio, así que mamá me vistió y me senté en la silla de ruedas para ir a la cama, pero cuando la silla se movió apenas un poco me sentí muy mareada, creí que vomitaría y cuando quise decirle a mamá solo salió un balbuceo, me estaba desmayando. Mamá no sabía qué hacer. No había ningún enfermero cerca. Los llamaba y no contestaban. Si salía del cuarto y me dejaba sola, seguramente iba a caer de la silla.

Llegaron los enfermeros y mi médico residente. Aunque mi cuerpo no respondía, podía ver todo lo que sucedía y escuchaba lo que decían, estaba asustada. Nunca me había desmayado. No podía hablar y eso me hacía sentir impotente. Me medicaron y poco a poco me fui recuperando hasta que logré susurrar un «estoy bien», y sonreí.

Dios estuvo junto a mí todo el tiempo, no permitió que cayera, me sacó victoriosa de esa y muchas otras situaciones en las que mi vida corrió peligro. Hoy gracias a Dios me encuentro en remisión completa y estudiando medicina. Dios obró milagros en mi vida, así que no puedo simplemente quedarme callada y pienso que tú tampoco, puesto que tenemos un Dios de milagros, un Dios de amor del cual el mundo tiene una gran necesidad.

Hoy has recibido un milagro: el milagro de la vida, así que comparte lo que Dios ha hechopor ti, sonríe, vive, y utiliza esa vida para honrar y glorificar a Dios.

 

Melissa Abigail Velasco Pérez

México


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