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¡El gran día!

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«Este es el día que hizo Jehová; ¡nos gozaremos y alegraremos en él!». Salmo 118: 24, RV95

MIENTRAS COLPORTABA en Playa del Carmen decidí visitar una empresa llamada CALICA. El director de recursos humanos nos recibió con mucha amabilidad y al escuchar el proyecto, que incluía libros y seminarios de nutrición para todo el personal, se mostró muy interesado y nos pidió que regresáramos el miércoles para darnos una respuesta.

Después de orar mucho nos presentamos el día acordado. El director nos recibió con mucha alegría y con un brillo especial en los ojos nos dijo: «Hemos decidido hacer algo especial. Vamos a cerrar la planta durante un día para que los empleados puedan tomar los seminarios». De todos los libros que se vendieran, la empresa aportaría el 50%, el resto se les descontaría de su salario en cuotas quincenales, pero a nosotros nos pagarían el total cuando entregáramos los libros. Cuando preguntamos cuál sería el día asignado para los seminarios nos dijeron: «¡El sábado será el gran día!».

De inmediato se pudo notar la decepción en nuestros rostros. Le explicamos al director que el sábado ya teníamos un compromiso. Sorprendido preguntó: «¿Pero qué compromiso puede ser más importante que este?». Le explicamos que el compromiso era con el Creador, que habíamos decidido obedecer el mandato bíblico de dedicar el sábado a adorarlo. Nos miró como si fuéramos seres de otro planeta y después de pensar por un momento nos dijo: «Vengan el lunes, veré qué puedo hacer, pero no les prometo nada».

Ayunamos y oramos y el lunes nos presentamos en la empresa, pero el director no nos recibió sino que nos envió a la oficina del contador. Al entrar el contador tiró unos papeles sobre el escritorio y dijo: «Lo que no quisieron hacer en un solo día, lo harán en quince». Y así fue. Cada tarde un departamento de la empresa cerraba temprano y nos enviaba su personal para recibir los seminarios. Al final de los quince días entregamos suficientes libros como para costear mis estudios para el siguiente año.

Al despedirnos, el director nos dijo: «Nunca había conocido jóvenes con principios tan firmes. Aquí tienen las puertas abiertas» y así lo hice, cada verano colporté en esa empresa. En cuanto llegaba y saludaba el gerente decía: «Freddy, bienvenido. Trabajaremos como el año pasado».

Alabo a nuestro buen Dios por su amor y fidelidad.

 

Freddy Pérez Jamangape

México


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