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Testificando en un hospital militar

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«Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, y pidió al jefe del servicio de palacio que no le obligara a contaminarse con tales alimentos». Daniel 1: 8

CUANDO ME INFORMARON que realizaría mi año de servicio de odontología en un hospital militar mis compañeros bromeaban y me preguntaban si usaría el uniforme militar. Cuando me presenté ante el médico encargado para coordinar el inicio del servicio este me informó que tendríamos una clase los sábados. Le informé que yo no podría asistir. Él se limitó a decirme: «Bueno, esas son las reglas del servicio».

Salí preocupada de esta primera entrevista, pero confiaba en que si Dios me había guiado hasta allí era porque tenía un plan conmigo. Llamé a mis padres para pedirles que oraran por mi situación y ellos no solo oraron sino que llevaron mi pedido de oración ante todos los hermanos de la Asociación Olmeca.

Confiando en Dios y sabiendo que contaba con las oraciones de mi familia y mis hermanos en Cristo me presenté a la segunda entrevista, donde se definiría mi caso. Había decidido obsequiarle unos libros adventistas al encargado del servicio. «Quizás eso me ayude», pensaba. Cuando pasé a la oficina el encargado me comunicó que ese año habían decidido eliminar las reuniones en sábado. ¡Imagínate lo feliz que estaba! Pero ese no es el final de mi historia.

Durante el servicio teníamos el privilegio de recibir una comida en el hospital. Esto suponía un desafío para mí, pues soy vegetariana y en el hospital no servían comida vegetariana así que cada día los demás médicos me veían seleccionar lo poco que podía comer. Ante esta situación algunos amigos que había hecho allí bromeaban conmigo diciéndome que si no comía carne no podría terminar con éxito mi servicio.

Cuando finalicé el servicio los encargados me llamaron y me dijeron: «Tu servicio ha marcado una diferencia aquí. Queremos solicitar a la Universidad de Montemorelos que siga enviando alumnos así como tú, con tus principios y que trabajen con el mismo sentido de excelencia que tú». Al escuchar esas palabras agradecía Dios por la oportunidad que me brindó de darlo a conocer en aquel hospital.

Hoy tienes el privilegio de iniciar un nuevo día y la oportunidad de dar a conocer a Dios con tus acciones. ¡Aprovecha esa oportunidad!

 

Salem Robles Moreno

México


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