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«Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces». Jeremías 33: 3, RV95

¿TE HAS PREGUNTADO ALGUNA VEZ por qué Dios tarda en responder nuestras oraciones? ¿Has pensado alguna vez que tu petición nunca recibirá respuesta? Permíteme contarte mi experiencia. Cuando cumplí catorce años, mi madre fue diagnosticada con cáncer y diez meses después, a pesar de las quimioterapias, el cáncer ya había hecho metástasis y las probabilidades de vida eran cada vez menores.

Aunque el sufrimiento físico de mi madre nos resultaba insoportable, nos dolía mucho más el hecho de que, teniendo tan poca esperanza de vida, ella aún no había aceptado a Jesús como su Salvador personal. Desde niña mi abuelita me había enseñado a orar por mis padres y por su salvación, sin embargo, no entendía por qué Dios no contestaba esa oración tan importante para mí. «¿Qué pasa, Señor? -decía en mis oraciones- ¿Por qué no respondes? En Jeremías 33: 3 prometiste responder a mis clamores. ¡Salva a mi madre!».

A pesar de mis fervientes y desesperadas oraciones mi madre murió un año después de haber sido diagnosticada. La aparente falta de respuesta a mis oraciones hizo que durante el sepelio llorara amargamente, como si no tuviese esperanza de volver a ver a mi amada madre. Al llegar a casa después del entierro mi tío, que es pastor adventista, me llevó aparte para decirme algo muy importante, algo que anhelaba escuchar. Con lágrimas en los ojos me contó cómo unos días antes de su muerte, él había ungido a mi madre, tal como lo describe la Biblia en Santiago 5: 14-15. Durante la ceremonia de ungimiento mi madre había aceptado a Cristo como su Salvador personal y ahora descansaba en la bendita esperanza de la resurrección.

Luego de haberme contado esto, mi tío me regaló el frasco de aceite de oliva con que había ungido a mi madre. Cada vez que veo ese frasco recuerdo que tengo una cita con mi madre en ocasión de la Segunda Venida. No hay oración que quede sin respuesta. La promesa que Dios hace en Jeremías 33: 3 es tan real como el aire que respiramos.

Hoy te invito a confiar en Dios, puede que tu oración ya haya sido contestada y aun no lo sepas. Mi Dios es un Dios puntual.

 

Laura Daniela Buitrago

Colombia


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