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El Padre de los que no tienen padre

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«Padre de los huérfanos, defensor de las viudas, este es Dios y su morada es Santa. Dios ubica a los solitarios en familias; pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría». Salmo 68: 5-6, NTV

CADA VEZ QUE CONVERSABA con mi abuelo él me recordaba mi «misión» con estas palabras: «Eres el hombre de la casa, así que tienes que vengar la muerte de tu padre. Debes eliminarlos a todos, no debe quedar uno solo de ellos». Tenía solo cinco años y ya sentía el peso sobre mis espaldas. Mi abuelo se refería a la familia del hombre que había asesinado de cinco balazos a mi padre.

Ser huérfano de padre es terrible y desolador. Todo lo malo que me ocurría, cada necesidad no suplida, cada enfermedad, cada vez que no había nada para comer en casa, me recordaba mi desgracia: no tenía un padre. Por eso no tenía unos zapatos en mis pies, por eso mi pantaloncito estaba lleno de remiendos de diferentes colores, por eso no usaba camisa.

Era una persona tímida, insegura y carente de afecto. No puedo describir cuánta falta hace la presencia, la fortaleza, la guía y la disciplina de un padre en la vida de un niño. Todo eso hizo crecer el odio dentro de mí y decidí lanzarme a las calles para adquirir la fuerza, determinación y destreza en el manejo de las armas que necesitaba para poder cumplir el encargo.

Fue así, deambulando por las calles, que una ancianita se acercó a donde estaba y me ofreció una revista. Para evitar que los miembros del grupo la maltrataran decidí aceptar la revista. En esa revista leí un artículo titulado: «Cómo gozar de paz interior». Recuerdo bien que el final del artículo decía: «Si quiere gozar de paz interior deje que Cristo entre en su corazón». En ese momento comprendí que esa era mi mayor necesidad.

Con palabras sencillas dije: «Jesús, si eres real entra en mi corazón». Hoy doy fe de que Cristo entró en mi vida y ha permanecido allí por más de 46 años. El vino a ser el Padre que necesitaba y su iglesia mi nueva familia. Antes buscaba venganza, hoy procuro llevar la salvación a aquellos que aun no conocen de él.

¿Necesitas un Padre? Mira hacia el cielo, allí tienes uno que te ama y desea lo mejor para ti.

 

Edgar Redondo

Colombia


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