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La carta que aún conservo

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«¿Qué más podremos decir? ¡Que si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar contra nosotros!». Romanos 8: 31

EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN en Nicaragua trajo consigo varios problemas políticos y económicos e inició una guerra civil entre los contrarrevolucionarios (contras) y los sandinistas. Esta situación obligó al gobierno a aprobar el servicio militar obligatorio. Así que todos los jóvenes de dieciséis años en adelante debían integrarse a una base militar y movilizarse hacia los frentes de batalla. En esos tiempos las iglesias crecieron mucho, pues los jóvenes, temerosos de perder la vida en la guerra, se unían a la iglesia.

Yo tenía cuatro años de bautizado en la Iglesia Adventista del Séptimo Día cuando se promulgó el servicio militar obligatorio y había estado orando al Señor para que mediera una salida a los dos problemas que los jóvenes adventistas enfrentaban en el ejército: guardar el sábado y el uso de armas de fuego.

Un miércoles de noche, mientras salía del culto de oración y testimonio, fui interceptado por militares que me amenazaron con arrestarme o incluso matarme si me rehusaba a integrarme al servicio militar así que me llevaron a la delegación de reclutamiento. Debía iniciar de inmediato el entrenamiento de tres meses para luego ser enviado a la zona de guerra. Durante la entrevista con la junta de reclutamiento expliqué mis convicciones religiosas y pedí la oportunidad de observar el sábado y de no ser portador de armas. Semejante petición era insólita ya que no se daban ese tipo de excepciones, sin embargo mantuve mi fe.

Después de esperar, un jefe militar me ofreció la oportunidad de solicitar un per miso especial para asistir a la iglesia y para no utilizar armas de fuego. Después de algunos días de suspenso recibí la respuesta: una carta que me eximía del uso de armas y me otorgaba permiso para adorara Dios cada sábado. Fueron dos años difíciles, pero sentí la presencia de Dios en mi vida y su protección constante en mi vida. Treinta años después aún conservo aquella carta, pues me recuerda que Dios tiene un plan para mi vida.

La invitación que te quiero extender hoy es a respetar las leyes de tu gobierno, pero de manera especial a exaltar siempre la Ley de Dios, pues si él está de nuestro lado, ¿quién estará en nuestra contra?

 

Ángel Benavides

Nicaragua


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