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Dios no estaba en mis planes, pero yo sí en los suyos -Primera parte-

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«El Señor te protege de todo peligro; él protege tu vida. El Señor te protege en todos tus caminos, ahora y siempre». Salmo 121: 7-8

NACÍ EN UNA CIUDAD LLAMADA LA PAZ. Paradójicamente, la primera etapa de mi vida no fue nada pacífica. Soy la primera hija de la casa, mi madre me amó con todas sus fuerzas, pero como resultado de los abusos que sufrió desde pequeña se dedicó a la prostitución poco después de mi nacimiento.

Mi madre pagaba para que me cuidaran, así que la mayor parte del tiempo permanecía lejos de ella. Con el tiempo mi madre cayó víctima de las drogas, en ese tiempo nació otro de mis hermanos. Recuerdo que mi madre solo permanecía en casa cuando enfermaba y tan pronto recuperaba la salud regresaba a las calles y nos encargaba con una señora que nos maltrataba a mi hermano y a mí.

Durante mi niñez estuve al cuidado de varias personas. Durante un tiempo viví con mi abuela, que era alcohólica, al igual que mis tíos. Allí por lo menos tuve la oportunidad de jugar con mis amigas en un parque cercano, pero el hogar de mi abuela era un desastre. Los pleitos entre tíos ebrios eran el pan nuestro de cada día. Mi madre fue por mí y me llevó a un hotel, pero allí me fue peor, ya que allí unas personas intentaron raptarme. De nuevo mi madre me llevó a otra casa. Allí me golpeaban, me insultaban y en muchas oportunidades me dejaron sin comer. A pesar de todo nunca juzgué a mi madre, porque ella también tuvo una vida muy difícil.

Un día las personas que nos cuidaban pusieron una denuncia ante la Procuraduría de Menores. Los jueces determinaron que mi madre no podía tener la tutela de sus hijos así que me llevaron, junto a mis tres hermanos, a una institución especial.

Puede que mi vida te parezca una tragedia, pero aun no te he contado todo. Dios siempre tiene la última palabra. Mientras tanto quiero que sepas que estoy muy agradecida porque Dios me preservó la vida durante esos momentos turbulentos porque tenía un plan para mí.

Hoy puedes contar con la seguridad de que Dios también tiene un plan para tu vida, él te protegerá ahora y siempre.

 

Lizbeth Amador

México


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