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De asesino a predicador

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«No me da vergüenza anunciar esta buena noticia. Gracias al poder de Dios, todos los que la escuchan y creen en Jesús son salvados; no importa si son judíos o no lo son». Romanos 1: 16, TLA

«POR MATAR A MI MEJOR AMIGO y beberme su sangre frente a la tumba de mi madre». Esa fue la horrenda respuesta que Pedro medio cuando le pregunté por qué estaba en la cárcel. Pedro había llegado allí como paciente psiquiátrico, después de una larga cadena de sucesos que lo marcaron para siempre. Había pertenecido a una secta satánica, luego de trabajar como asesino a sueldo y posteriormente matar por placer para beber la sangre de sus víctimas.

Cuando Pedro entraba en crisis, él mismo se cosía la boca con aguja e hilo para no hablar ni siquiera con sus familiares. Además, se cortaba las venas para beberse su propia sangre. En medio de aquella vida tan oscura llegó a la cárcel un grupo de adventistas que predicaban y estudiaban la Biblia con todos los reclusos. Al comienzo, Pedro rechazó el llamado de Dios porque pensaba que era demasiado tarde para él. Con el tiempo aceptó la invitación a estudiar la Biblia y para la gloria de Dios, Jesús tocó su corazón.

Tras una larga y ardua lucha interna, Pedro tomó la decisión de bautizarse. Hoy él es uno de los predicadores más fervientes de la cárcel, mientras espera el día en que pueda obtener su libertad. A pesar de estar encerrado se siente libre, ha experimentado en su vida las palabras de Cristo: «Conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Juan 8: 32). El día que lo bauticé, sentí un gozo tan grande que no puede ser expresado en palabras. Fue allí cuando entendí lo que dice Ellen G. White en El ministerio de curación: «La mayor obra a la cual pueden aspirar los seres humanos es la de convertir en santos a los pecadores» (cap. 74, p. 279).

¡Qué gran privilegio es poder servir a Cristo a través de este ministerio al cual nos ha llamado! Definitivamente no hay nada mejor. No sé si tú, amigo lector, o alguien que conoces están hundido en el pecado, en Jesús hay salvación, perdón y liberación.

El mismo Dios que transformó la vida de Pedro el asesino puede obrar milagros hoy en tu vida.

 

Willington Millán

Colombia


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