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Bautismo por «coincidencia».

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«Más tarde, al pasar por un sitio donde había agua, el funcionario dijo: "Aquí hay agua; ¿hay algún inconveniente para que yo sea bautizado?”». Hechos 8: 36

«PASTOR, ¿PUEDE BAUTIZAR a uno de mis feligreses?», me preguntó un pastor evangélico mientras me preparaba para bautizar a uno de los inter nos en la cárcel de mi ciudad. «Usted ya tiene puesta la toga bautismal y aquí hay agua, ¿que impide que él sea bautizado?». «Bueno, que no va a pertenecer a la Iglesia Adventista», pensé, aunque no supe qué decir en aquel momento.

No es común que te pidan que bautices a una persona que va a pertenecer a otra iglesia, y menos que lo haga el mismo pastor de esa denominación. «¿Creen ustedes en la Trinidad?», se me ocurrió preguntarle al pastor, esperando que su respuesta fuera negativa para decirle que no podía bautizarlo. «¡Claro!», me contestó. Ahora sí que estaba en aprietos. Elevé mi mente al cielo y exclamé como Pablo camino a Damasco: «Señor, ¿qué quieres que haga?» y Dios me respondió. «Te he llamado al ministerio para que rescates a los perdidos, bautízalo».

Juan entró a la pila bautismal. Los ojos de los hermanos estaban atentos para ver qué haría. Llegó la hora del voto y lo tomé tal y como está escrito, incluyendo el punto de los Diez Mandamientos y el sábado. Recordemos que me encontraba ante un feligrés de una iglesia que guarda el domingo, en presencia de su pastor y miembros de su futura iglesia. Juan aceptó cada uno de los puntos y finalmente fue sumergido en las aguas del bautismo, recibiendo fuertes aplausos al salir del agua.

A la semana siguiente a su bautismo, Juan salió a saludarme efusivamente y a hacerme preguntas sobre la Biblia. Se creó un vínculo pastor feligrés, aunque técnicamente yo no era su pastor. Para mi sorpresa, Juan empezó a asistir a las clases de estudios bíblicos que dábamos en aquel pabellón. Precisamente en esos días hablamos del sábado y la ley. Juan siguió asistiendo hasta que opté por preguntarle si creía en las doctrinas de la Iglesia Adventista y si deseaba ser miembro de ella. «Pastor, siempre me he sentido parte de su iglesia y creo que el sábado es el día de reposo bíblico».

Cuando servimos a Dios vemos milagros.

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