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Un caso perdido -Tercera parte-

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«Entonces el Señor me respondió: “Si regresas a mí, volveré a recibirte y podrás servirme. [...] Yo estoy contigo para salvarte y librarte. Yo, el Señor, doy mi palabra"». Jeremías 15: 19-20

DESPUÉS DE LARGAS NOCHES DE ORACIÓN y varios días de ayuno, mi hermano llegó a Estados Unidos, allí se reconcilió con el Señor a través del bautismo. Tiempo después, con mi esposo, tuve el privilegio de visitarlo y justamente ese sábado que lo acompañamos a la iglesia el pastor mencionó que la junta había tomado el voto de nombrarlo anciano. Fue algo conmovedor saber que a Dios no le interesa nuestro pasado. Cuando Dios perdona, restaura y bendice.

Mientras escribo estas líneas mi hermano sirve al Señor como primer anciano en una Iglesia Adventista en Nueva Jersey, donde conoció a una linda joven muy cristiana, con la cual contrajo matrimonio y juntos gozan del placer de ser padres de un hermoso bebé. Dios lo ha bendecido mucho.

Aquel joven que se burló de nuestra fe perdió la vida, al igual que todos sus amigos que estaban involucrados en el negocio de las drogas. Recuerda que la paga del pecado es la muerte. Hay caminos, como dice la Biblia, que nos parecen rectos, pero al final conducen a la muerte. Por eso hoy quiero animarte a tomar decisiones sabias, creo que Dios salvó la vida de mi hermano y lo libró del peligro, pero muchos jóvenes hoy en día no tienen la misma suerte, para muchos la muerte, la enfermedad y la destrucción llegan antes de que puedan tomar la decisión de arrepentirse y entregarse al Señor.

Qué bueno que contamos con la bendición de un Dios amoroso que está cerca de todo el que lo invoca. Tal vez al leer estas líneas estás pasando por un problema y piensas que tu situación no tiene solución. Si ese es tu caso te animo aclamar al Señor, su poder no tiene límites. Él es capaz de cambiar nuestra tristeza en gozo. Jamás te va a reprochar por tus acciones pasadas, cuando él perdona olvida para siempre y te hace una nueva criatura.

Si Dios fue capaz de trasformar la vida de mi hermano, el caso imposible, sé que puede hacer lo mismo por ti hoy.

 

Blanca Rosa Martínez Reyes

Honduras


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