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No te desanimes

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«Él da fuerzas al cansado, y al débil le aumenta su vigor». Isaías 40: 29

LA TARDE CAÍA Y ESTABA CANSADA, solo quería llegar a la casa y tirarme en la cama, pero Dios tenía otros planes. Me encontraba colportando en un residencial y mientras me dirigía a tocar la próxima puerta me encontré con un señor en el parqueo de su casa. Le expliqué lo que estaba haciendo en la zona y él, muy encantado, decidió adquirir uno de los libros. Antes de retirarme le pregunté si había alguien más en la casa con quien pudiera hablar, pero me dijo que vivía solo en una habitación y que la dueña de la casa no se encontraba porque su carro no estaba allí. Luego me dijo que no me perdía de nada, ya que ella no era muy amable. Pero después de una pausa me dijo: «Ve, toca la puerta, quién sabe si te contesta».

Me acerqué a la puerta y toqué, a los pocos segundos me abrió la puerta una señora. Me presenté y de inmediato me dejó pasar a su casa, me ofreció comida y comenzamos a platicar. Yo estaba muy sorprendida por la amabilidad de la señora. En medio de la conversación la señora empezó a llorar, le pregunté si se encontraba bien, pero solo me dijo: «Dios no deja de sorprenderme».

Acto seguido me enseñó diversos artículos que tenía a mano. En esos días había estado buscando, junto a su esposo, cómo mejorar su salud por medio del cuidado de su cuerpo. También me dijo que todo lo que le había presentado esa tarde era justo lo que ella necesitaba, pero no sabía dónde lo podría conseguir. Así que para asegurarse de tener siempre a su alcance materiales similares me pidió los datos de la Iglesia Adventista en la zona. Antes de retirarme, le dije que quería orar por ella, pero ella se negó, me dijo que no iba a permitir que yo orara por ella, sino que ella lo iba a hacer por mí, para que no me desanimara y pudiera llevar a más personas las bendiciones que ella había recibido.

Cuando sientas que ya no te quedan fuerzas para seguir haciendo la obra de Dios, para seguir proclamando su mensaje, para seguir siendo un ejemplo en tu entorno, entonces toca la siguiente puerta, háblale a la siguiente persona, da un paso más, que ahí Dios te esperará con los brazos abiertos para convertir tu desánimo en una gran bendición.

 

Abigail Guzmán Manzueta

República Dominicana


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