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De la calle «Lodebar» a la calle «Restauración» -Segunda parte-

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«Y Mefiboset comía siempre a la mesa de David, como uno de los hijos del rey». 2 Samuel 9: 11

UN DÍA, MOVIDO POR EL ODIO, tomé la decisión de matar a mi madrastra con un cuchillo, pero gracias a Dios me acobardé y no lo hice. Ese día mi papá me dio la peor paliza que se le puede dar a un hijo y me echó de la casa con apenas trece años. Ya en la calle, solo y sin familia, caí en el mundo de la delincuencia. Robo, drogas tatuajes y mucha promiscuidad, ese era mi pan de cada día. Mi vida perdió sentido y llegué a desear la muerte. Muy a menudo pensaba: «Mi vida no vale nada, soy una basura», para colmo de males legalmente ni siquiera había nacido, pues mis padres nunca me declararon, así que tampoco había podido asistir a la escuela.

Mientras vivía en la calle y practicaba la delincuencia varias personas intentaron hablarme de Jesús, e incluso me invitaron a la iglesia, pero nunca me interesé, decía que el evangelio era para gente vieja y que yo debía gozar la vida. Creo que Dios de verdad estaba interesado en mi salvación, porque continuó insistiendo hasta que un día toqué fondo. Intenté suicidarme, pero no lo conseguí, al otro día mi mejor amigo se quitó la vida con la misma pistola que yo había usado para intentar acabar con mi existencia.

Caí en las garras de la depresión, no podía conciliar el sueño, hasta que un día el Señor, al igual que David, preguntó: «¿Hay alguien a quien yo pueda hacer misericordia?». Un joven, llamado Julio César Vázquez respondió: «¡Sí! Hay un joven conocido como «el Toro», está perdido y necesita a Cristo». Ese día Julio me habló del amor de Jesús y me invitó a una serie de reuniones con el pastor Bullón, allí el Espíritu Santo tocó mi corazón y el resto es historia.

El Rey me mandó a llamar. ¡Alabado sea su nombre! Hoy soy un hombre nuevo, Jesús Sanó las heridas de mi alma y sacó todo el odio que había en mi corazón. Me reconcilié con mi familia, conocí una joven adventista con la que formé una linda familia y hoy me dedico a predicar y cantar del amor de Cristo.

Dios cambió mi dirección, de la calle «Lodebar» a la calle «Restauración».

 

José Contreras

República Dominicana


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