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Parcialmente nublado

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«Bueno es el Señor, es refugio en el día de la angustia, y protector de los que en él confían». Nahúm 1: 7, NVI

CREER EN UN DIOS AMANTE es fácil cuando todo va bien. Cuando nuestros planes se cumplen tal y como esperamos agradecemos a Dios por las «bendiciones otorgadas». Sin embargo, cuando el cielo se oscurece y te encuentras frente al ataúd de tu padre, que hacía solo cuatro meses gozaba de buena salud, entonces comienzas a dudar de la existencia de ese Ser supremo. Cada plan, cada meta, se esfuma y al no encontrar explicación alguna, niegas la existencia de Dios, como si ello fuese un castigo para él.

Después de la muerte de mi padre la vida fue perdiendo el sentido. Los bares y el alcohol se convirtieron en mi refugio. Un día, por medio de una amiga, llegué a la iglesia. Todos eran cariñosos, amables y cordiales. Me encantó el ambiente que reinaba allí, aunque seguía manteniendo tercamente mis ideas ateas; no obstante, continué asistiendo a la iglesia.

Al notar que los feligreses siempre estaban gozosos, a pesar de sus dificultades, se despertó en mí el deseo de saber qué o quién hacía posible que los cristianos fueran tan felices. Fue así como conocía un joven que comenzó a estudiar la Biblia conmigo y de esa manera fui conociendo el maravilloso amor de Dios. Comprendí que Dios no es el culpable de la desgracia humana sino que el dolor y el sufrimiento son consecuencias del pecado y la rebeldía humanas. Llegué a comprender que aun en los momentos más difíciles el Señor se mantiene a nuestro lado, me di cuenta de que solo había oído que Dios existía, pero aún no lo había conocido, no lo había experimentado en mi vida.

Hoy pertenezco a la Iglesia Adventista y soy un testimonio viviente del amor y la existencia de Dios. Procuro aprovechar cada dificultado dilema en la vida de mis conocidos y amigos para animarlos a creer y aferrarse al Señor. Por cierto, en la iglesia no solo conocí el amor de Dios. Después de mi bautismo contraje matrimonio con aquel joven que estudió la Biblia conmigo y hoy formamos una hermosa familia. Juntos seguimos estudiando el amor de Dios.

Verdaderamente «Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia, y protector de los que en él confían» (Nahúm 1: 7, NVI).

 

Osalis García

República Dominicana


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