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Compasión en acción

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«Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues él es el Padre que nos tiene compasión». 2 Corintios 1: 3

MIRÉ EL RELOJ, eran casi las diez de la noche cuando tomamos el transporte público. Esa noche, al igual que las anteriores, había estado acompañan do a nuestro pastor a una serie de reuniones de evangelización en otra zona de la ciudad. Yo me encargaba de cantar mientras el pastor hacía el llamado al finalizar cada reunión.

Pocos minutos después de haber iniciado el trayecto de regreso a casa, el autobús se detuvo para recoger pasajeros. Subió al vehículo una joven embarazada. Su aspecto llamó nuestra atención de inmediato. Andaba sucia, mal vestida y con el pelo revuelto. Se notaba que había sido maltratada. Al verla me conmoví, pues su aspecto delataba que había tomado malas decisiones y estaba sufriendo las consecuencias.

El pastor también se percató de la situación de la muchacha y acto seguido empezó a hablarle del amor de Dios y de cómo podía obtener una nueva vida en Cristo Jesús. A los pocos instantes se escucharon sollozos en el vehículo, pero no era aquella muchacha la que sollozaba, ¡sino yo! Las palabras del pastor tocaron profundamente mi corazón. Si bien es cierto que aquella muchacha estaba sucia, maltratada y descuidada por fuera, también es cierto que yo me sentía de la misma manera, pero por dentro. Aquella noche sentí que Dios medaba una segunda oportunidad y me llamaba a compartir su amor a un mundo que se hunde en el pecado.

Cada día vemos cómo se pierden cientos y miles de jóvenes. Algunos, como la muchacha del autobús, exhiben señales obvias de su condición interna; otros, como pasó conmigo, caminan por la vida de lo más normales, bien arreglados, sonrientes, incluso asisten a la iglesia; pero por dentro están en la misma situación que los primeros, o en un estado mucho peor.

Hay una vida mejor y más plena en los brazos de Cristo, pero alguien debe dar a conocer dicha opción, y para eso se necesita compasión por aquellos que se pierden. Bien dijo Daniel Ost: «El amor de Dios es la compasión puesta en acción».

Hoy, al realizar tus actividades cotidianas sé que encontrarás a más de una persona que de alguien que ponga la compasión en acción. ¿Aceptarás el desafío de compartir el mensaje de salvación?

Espero que tu respuesta sea un rotundo «Si».

 

Tánifel Castillo

República Dominicana


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