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Cuando dormir resulta fatal

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«Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas, y por fin se durmieron». Mateo 25: 5

AQUELLA NOCHE, AL FINALIZAR la reunión de evangelización, el sueño y el cansancio me embargaban por completo; no obstante, tenía que cumplir con una última tarea. Tomé mi auto y con determinación me dispuse a manejar los ciento veinte kilómetros de distancia que me separaban de mi destino. No había pasado mucho tiempo cuando comencé a sentir que los ojos se cerraban lentamente. Durante largo rato luché con esa situación hasta que, por precaución, decidí detenerme.

Luego de eso decidí continuar mi camino, pero aún tenía sueño, los ojos se me cerraban como si tuviese dos grandes piedras amarradas a los párpados, hasta que llegó un momento en que no supe absolutamente nada de mí, dando así inicio a los segundos más impresionantes y dramáticos de mi vida.

Me dormí al volante y como resultado perdí el control del vehículo y fui a parar al carril contrario, lo próximo que vi fue el parabrisas explotar frente a mí, sentí que el vehículo daba vueltas y finalmente se detuvo al fondo de un barranco. Ese día entendí que hay momentos en los que dormir puede resultar fatal.

En el versículo de hoy se nos presenta lo peligroso que puede resultar dormirse, espiritualmente hablando. Al revisar las estadísticas me asombra y me entristece ver Cómo tantas personas que algún día fueron de nuestra iglesia hoy duermen plácidamente atrapadas por Satanás. No sorprende, entonces, que en la Biblia se nos extiendan numerosos llamados a velar y orar para no caer en las tentaciones, pues a la verdad el espíritu está dispuesto pero la carne es débil (ver Mateo 26: 41, RV95).

Al igual que en mi experiencia, sé que tú también viajas con un destino en mente. En mi caso, el destino se encontraba a ciento veinte kilómetros, puede que tu destino sea más ambicioso: una carrera universitaria, un buen empleo, formar un hogar. Hoy quiero animarte a no distraerte, no te duermas en el camino y sobre todas las cosas, no olvides el verdadero destino de todo cristiano: el reino de los cielos. Arrodíllate hoy y dile al Señor de todo corazón:

«Ayúdame a mantearme despierto, a velar y perseverar para así llegar a mi destino terrenal, pero sobre todo al destino celestial».

 

Johan Mendoza

Venezuela