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Fe real

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«Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran». Juan 4: 23

RECUERDO QUE HABÍA ESTADO AHORRANDO para comprar un par de zapatos deportivos de buena marca. Yo soñaba con tenerlos en mis pies. Cuando reuní el dinero y me dirigí al lugar de compras pude notar que había un señor con una mesa y un buen grupo de personas a su alrededor, me llamó tanto la atención que me acerque a ella para conocer qué hacía. Este hombre tenía tres vasos y moviéndolos decía con voz fuerte: «¿Dónde está? ¿Dónde está?». Dentro de uno de ellos había una pelotita. Si, después de darle varias vuelta, descubrías dónde había quedado la pelotita te ganabas todo el dinero que había en la mesa. Vi en este juego una «oportunidad» única para duplicar mi dinero.

Coloqué una suma «de prueba» en la mesa, el señor movió varias veces los vasos y cuando se detuvo me preguntó: «¿Dónde está?». Rápidamente señalé uno de los vasos y dije: «¡Aquí está! ¡Dame mi dinero!». Pero para mi sorpresa, cuando él levantó el vaso comprendí que había perdido.

En mi afán por recuperar mi dinero perdí otras dos veces hasta que me quedé sin dinero. Ese día entendí que no todo lo que parece real lo es, que vivimos en un mundo de mentiras, engaños y apariencias. Esta realidad se puede reflejar incluso en nuestra vida espiritual, necesitamos una fe real, un cristianismo verdadero. Al pensar en un cristianismo real recuerdo a Elías mientras amonestaba al rey Acab con las palabras: «¡Vive Jehová, Dios de Israel, en cuya presencia estoy!» (1 Reyes 17: 1, RV95). Eso es sin duda un cristianismo real. También recuerdo a Daniel, que oraba tres veces al día, aun bajo amenaza de muerte, en fin, hay muchos ejemplos en la Biblia y en la historia.

Hoy tenemos el desafío ante nosotros, ¿nos atreveremos a tener una experiencia real con Dios en vez de una experiencia virtual o ficticia? Esa es la única manera en que podemos permanecer firmes antes los feroces ataques del enemigo.

Salgamos hoy a enfrentar la vida confiados, seguros de que estamos en plena comunióncon Dios, recuerda, eso marcará la diferencia entre lo real y lo ficticio.

 

Johan Mendoza

Venezuela