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Las oportunidades son calvas…

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«En el momento oportuno te escuché, en el día de la salvación te ayudé. Y ahora es el momento oportuno. ¡Ahora es el día de la salvación!». 2 corintios 6: 2

AQUELLA MAÑANA DE DOMINGO, mientras realizábamos nuestras actividades cotidianas mi madre recibió una llamada. Noté que empalideció y en su rostro se dibujó un rictus de terror. Le pregunté qué pasaba y me dijo que mi padre había tenido un accidente. Acto seguido mi madre salió aterrada de casa para ver cómo se encontraba papá. Mientras mis hermanos y yo esperábamos en casa pensamos lo peor. ¿Qué le pasaría? ¿Estará bien? Avisé a una tía lo sucedido y su esposo fue a donde había ocurrido el accidente para averiguar qué le había pasado a mi padre y cómo se encontraba.

Minutos después mi madre se comunicó con nosotros y nos informó: «Su padre se encuentra bien, no se preocupen». De todas maneras lo trasladaron a Mexicali donde le realizaron varias tomografías. Lo habían atropellado mientras trabajaba y se había lesionado la cabeza, así que los médicos querían descartar cualquier posibilidad de complicaciones. Durante todo ese tiempo me mantuve orando: «Señor, cuídalo y que se encuentre bien».

Pasadas varias horas intenté obtener más información en el hospital pero no quisieron decirme nada. El hospital decidió darle la información a mi abuela, la madre de mi papá, y le dijeron que tenían que operarlo de emergencia porque tenía un coágulo en la cabeza y si no lo intervenían de inmediato podía morir esa misma noche. Mi abuela comenzó a llorar, después de unos instantes se calmó y nos comentó las nuevas; ahora mi oración era: «Señor, protégelo y que la operación sea un éxito. Por favor, sé tú el guía de los médicos, su vida está en tus manos».

Para honra y gloria de Dios la operación fue todo un éxito y entonces exclamé: «¡Señor, muchas gracias por darle una segunda oportunidad!». Hoy mi padre se encuentra recuperado y como resultado decidió entregar su vida al Señor. Quizás no hayas tenido un accidente de este tipo, pero definitivamente cada día que pasa es una nueva oportunidad que el Señor nos da.

Entrega tu vida a Cristo hoy, no esperes el mañana, ya que puede ser demasiado tarde.

 

Anónimo

México       


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