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El Poder de la Oración

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«Tú mirarás a la oración de tu Siervo, y a su ruego. Jehová, Dios mío, para oír el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti» 2 Crónicas 6:19.

UNA TARDE SOMBRÍA Y LLUVIOSA, las tuberías que corrían por una escuela de la iglesia comenzaron a derramar agua. Era viernes, y estaban por cerrar los salones de clase y las oficinas de la institución educativa. Era necesario arreglar la fuga para no causar estragos a las casas de los vecinos.

Como pastor de la iglesia principal y presidente de la junta escolar, tenía que encontrar la solución a ese problema. Así que pedía un técnico que fuera a arreglar la avería. Mientras él trabajaba, Subí al techo del edificio de la escuela para buscar un tubo de cobre de cuatro metros de largo que necesitábamos para reemplazar el averiado.

Mientras descendía por la escalera metálica, golpeé con el tubo la línea de alta tensión de doce mil voltios que pasaba a unos dos metros de distancia. La descarga me lanzó al piso y caí de espaldas. Mi pie tocó la baranda de aluminio, y mi zapato Se quemó instantáneamente. La descarga eléctrica atravesó mi cuerpo y siguió hacia el edificio, generando un gran estruendo.

En ese momento, mi mente se conectó con el Dios todopoderoso y expresé la oración más corta de mi vida: «Jesús, sálvame!». Percibí la presencia del ángel del Señor a mi lado, que me separaba del tubo de cobre para lanzarlo lejos de mí. Sentí que la mano sanadora de Jesús tocaba mi cuerpo, levantándome del piso donde yacía y devolviéndome a la normalidad.

En el hospital, los médicos no lo podían creer. Un cardiólogo y un neurólogo hicieron las revisiones necesarias pero todo estaba normal. Con seguridad puedo decir que Dios es grande y misericordioso. Fui protagonista de un verdadero milagro. Por sus obras poderosas, puedo vivir y decir: Alabado sea nuestro gran Dios! Él cuida de sus hijos.

Confiemos en el poder de Dios que está a nuestra disposición mediante la oración. Dios responde justo cuando lo necesitamos. Cada día de vida es una nueva oportunidad que Dios nos da para conectarnos con él en oración. Es el canal de comunicación que permanece abierto para cuando más lo necesitamos. Como Salomón, hoy podemos decir: «Tú mirarás a la oración de tu siervo».


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