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DIOS CONVIERTE EL FRACASO EN ÉXITO

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«Vuelve, y dile a Ezequías, príncipe de mi pueblo: “Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, he visto tus lágrimas; y he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová"» (2 Reyes 20: 5).

EN UN VERANO SECO y alegre, me tocó colportar en una de las ciudades más grandes del mundo: la Ciudad de México. En la zona del centro hay edificios muy altos, como la Lotería Nacional (de cuarenta y seis niveles), la Torre Latinoamericana y algunos hoteles. Al principio no me fue bien. Durante cinco semanas recorrí muchos edificios sin vender siquiera un libro. Se me terminaba el dinero y en consecuencia durante casi una semana apenas pude comer.

El desánimo llamó a mi puerta y casi desistí. Antes de dejarlo todo y regresar derrotado, cerré mis ojos y oré a Dios. Reclamé su promesa de que estaría conmigo todos los días hasta el fin: «Señor, tú sabes que mi futuro depende de ti. Necesito vender libros para dejar el mensaje a la gente y así seguir estudiando para llegar a ser pastor. Por favor, contesta mi súplica y ayúdame a obtener los medios para volver al colegio. Tú eres mi único refugio. Amén».

Ese día, regresé al edificio de la Lotería Nacional al que había intentado entrar sin éxito tres veces. Llegué a la entrada y comencé a caminar. Pasé frente a las cámaras y los agentes de seguridad sin que me preguntaran algo. Empecé a presentar los libros en el tercer piso. Una de las primeras personas con las que hablé, resultó ser el jefe de seguridad del edificio. Inmediatamente me preguntó:

-¿Cómo entraste aquí?

-Entré con la ayuda de Dios.

-Acompáñame a la sala de seguridad -me pidió.

Allí, revisó las cámaras para verificar por cuál puerta había ingresado, quiénes me habían dejado entrar y a qué hora; pero nada pudo encontrar. Las cámaras no me habían registrado. Sorprendido, me dijo:

-Esto es un milagro. ¿En qué puedo ayudarte?

Le mostré los libros y decidió comprarlos. Además, le pedí que me dejara visitar los 46 pisos. Como no podía dejarme ir solo, pidió a un guardia que me acompañara durante las dos siguientes semanas. El agente de seguridad me observó cuidadosamente a lo largo de la primera semana. A la siguiente, el guardia presentaba los libros y yo llenaba el formulario de pedidos. Dejé en aquel edificio 150 colecciones.

Pide a Dios en oración. Él puede convertir hoy el fracaso en éxito.


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