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ORACIÓN QUE TRANSFORMA

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«Habrá considerado la oración de los desvalidos y no habrá desechada el ruego de ellos» (Salmos 102: 17).

CONDUCÍAMOS una semana de conferencias bíblicas en un auditorio para 1500 personas. Un caballero de unos cincuenta años asistió todas las noches pero aparecía completamente ebrio. Cada vez que se mencionaba el nombre de Cristo Jesús, alzaba la voz: «¡Amén!». Todas las noches respondía al llamado, pasaba al frente y elevaba esta oración: «Señor, tú sabes que yo consumo alcohol y el vicio está arraigado en mí. Por favor, transfórmame. Ten misericordia de mí».

Las conferencias bíblicas terminaron y el caballero no manifestó cambio alguno. Durante tres meses más repitió la misma oración en su casa. Empezó a dejar el alcohol, comenzó a ir a la iglesia y, seis meses después, se bautizó. Pronto lo nombraron anciano de iglesia. Al año siguiente, volvieron a invitarme a organizar otra serie de predicaciones. ¡Qué sorpresa me llevé al ver que el coordinador de esa campaña era aquel borracho que había asistido toda una semana embriagado! Ahora, estaba transformado mediante el poder maravilloso de un Dios amante que escuchó su oración.

Es maravilloso confiar en Dios y pedirle con insistencia que nos cambie. Tiene poder para modificar nuestro carácter, nuestra vida entera, pero hay que pedírselo en oración. El apóstol Pablo nos aconsejó orar sin cesar. La oración es el medio para presentarnos ante Dios y pedirle que nos prepare para el cielo. No desistamos, seamos insistentes, toquemos varias veces la puerta hasta que se abra.

Nuestro Señor no deja nuestra oración sin respuesta. Digamos como el publicano: «Dios, sé propicio a mí, pecador» (Lucas 18: 13). Dios no tarda en responder y nos transforma su gran poder. Lo que más necesitamos es que el poder del Espíritu Santo cambie nuestras actitudes y cambie nuestro corazón. Lo único que llevaremos al cielo es un carácter semejante al de nuestro Señor Jesucristo. Pero necesitamos pedirlo de todo corazón, con insistencia y sinceridad.

Jesús dijo a Nicodemo: «De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3: 3). Jesús es poderoso para transformar totalmente tu vida y garantizarte el cielo.

¿Permitirás que Jesucristo haga un cambio en tu vida?


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