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ORACIÓN INTERCESORA

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«Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos» (Génesis 20: 17).

CONOCÍ A UNA DAMA que creía por completo en la oración pastoral. Repentinamente, su bebé de seis meses enfermó de gravedad. Lo atendieron varios médicos y llevaron a varios hospitales, pero sin resultados. En la última consulta médica, le confirmaron que la enfermedad de su hijo no tenía solución y tenía que prepararse para lo peor.

Entonces buscó al pastor de la iglesia para que orara por su hijo. Decidió entregarlo en las manos de Dios. Llegó a la iglesia un miércoles de noche a la reunión de oración con su hijo enfermo en los brazos. Al terminar el programa, se acercó al pastor para que orara por el pequeño. El pastor la invitó al cuarto de oración, tomó al bebé en sus brazos y pidió a la madre:

-Ore con fe mientras yo suplico que Dios intervenga.

El pastor no supo más del caso. El tiempo transcurrió hasta que un día, después de unas conferencias en un auditorio, se le acercó una dama que le dijo:

-Pastor, quiero presentarle a mi hijo. Es un regalo y un milagro de Dios. -Se presentó un esbelto joven de veintidós años. La dama continuó—: Pastor, este fue el bebé al que los médicos no le dieron esperanza alguna. Usted oró fervientemente por su salud, y mi hijo sanó.

Debemos confiar en el poder de Dios e invitar a otros a interceder en oración. La respuesta llega en el momento de necesidad y la misericordia de Dios nos cubre y nos eleva ante su trono.

Cuando Abimelec llevó a la esposa de Abraham a su palacio, Dios le dijo en sueños:

Vas a morir a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada y tiene marido. [...] Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido, porque es profeta y orará por ti. Así vivirás. Pero si no la devuelves, debes saber que de cierto morirás tú, y todos los tuyos (Génesis 20: 3, 7).

Abraham intercedió en oración por Abimelec, y las consecuencias de su pecado se evitaron. La oración intercesora es impulsada por el amor al prójimo. Si amamos como Jesús ama, oraremos constantemente por otros y seremos un canal de bendición en la comunidad en que vivimos. La oración intercesora tiene un poder que no podemos explicar, pero sí experimentar.


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