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LA ORACIÓN DE FE

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«Oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer» (Génesis 25: 21).

EN UNA POBLACIÓN del estado de Chiapas, México, el líder de una de las iglesias adventistas contactó a un matrimonio. La pareja de esposos aceptó estudiar la Biblia con la guía La fe de Jesús. Se reunían una vez a la semana. Cuando llegaron a la lección número quince, la señora manifestó:

-No tengo más interés en seguir estudiando la Biblia, porque tenemos quince años de casados y Dios no ha respondido: no nos ha dado el hijo que deseamos.

-El Dios en quien yo creo es tan poderoso que puede darles un hijo. Si ustedes siguen estudiando y conociendo a este gran Dios, yo voy a orar para que les dé un hijo -respondió el instructor.

Se arrodillaron y el misionero oró a Dios pidiendo que tuviera misericordia de la pareja y les diera el privilegio de concebir un hijo. Cuando terminaron la serie de veinte estudios, la señora dijo con mucha alegría en su rostro:

-Hermano, Dios escuchó nuestra oración. Quedé embarazada y estamos listos para ser bautizados.

Fueron bautizados al mes siguiente. Además, le pusieron Moisés a su primogénito. Contaron su experiencia ante unos tres mil congregados y allí mismo dedicaron su hijo al Señor.

Al igual que Isaac oró por su esposa Rebeca y Dios escuchó sus ruegos y les dio no uno sino dos hijos gemelos, así el misionero oró por esta pareja y Dios hizo posible el milagro. Necesitamos confiar plenamente en lo que Dios puede hacer por nosotros. Para Dios, no hay nada imposible. Él puede curar toda enfermedad, dar hijos a la estéril, llenar el vacío de nuestro corazón, consolar toda tristeza y llenar la vida de esperanza en Cristo Jesús.

Necesitamos orar con una confianza tal, que la respuesta llegue en el momento de la oración. Dios nos ama tanto, que solo espera que nos dirijamos a él con un corazón suplicante. Él está presto a suplir cualquier necesidad. Cuando oramos por nuestro esposo, nuestra esposa, nuestros hijos o nuestros padres, Dios obra milagros. Puede restablecer una relación deteriorada entre los esposos, unir a padres e hijos, traer paz y felicidad al hogar si estamos dispuestos a pedírselo con fe en oración, y creer que él puede hacerlo.


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