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UNA ORACIÓN CONTESTADA CON EXACTITUD

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«En Gabaón se le apareció en sueños Jehová a Salomón una noche. Y le dijo Dios: “Pide lo que quieras que yo te dé”» (1 Reyes 3: 5).

ERA UN JOVEN recién egresado de la universidad y estaba en mi primer distrito como pastor de una iglesia naciente. Comencé a hacer planes para formar un hogar, aun cuando no tenía a nadie con quien casarme. Mi oración fue: «Señor, dame a alguien que tú escojas para que sea una bendición para mí y mi ministerio». Oré durante varios meses con la misma petición. Pero cuando fui específico, la respuesta llegó.

Dije al Señor; «Voy a enviar mañana una tarjeta con un pensamiento a una jovencita. Si ella me contesta de la misma manera dentro de quince días, creeré que es la que has escogido para mí». Envié por correo la tarjeta y seguí orando. Para mi sorpresa, exactamente a los quince días llegó la respuesta, con una tarjeta semejante, que decía: «Gracias por escribirme, estaremos en comunicación». Ese fue el comienzo de una relación y un matrimonio que ha durado más de 30 años.

Dios contesta nuestras oraciones con exactitud cuando le pedimos específicamente lo que necesitamos. E. G. White afirma:

Somos tan cortos de vista y propensos a errar, que algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro más alto bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, alumbrados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son. Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación vendrá seguramente y recibiremos las bendiciones que más necesitamos (E. G. White, El camino a Cristo, pág. 96).

Es maravilloso recibir bendiciones del Señor, pero necesitamos ser constantes en la oración, específicos en nuestras peticiones y permanecer abiertos a su voluntad. Existe una delgada línea entre ser específicos en nuestras oraciones y encapricharnos con una respuesta determinada. Cristo pidió no tener que padecer la muerte pero terminó su oración abierto a la voluntad del Padre.

Al orar hoy debemos recordar que, tal como Dios dijo a Salomón: «Pídeme lo que quieras», él también está dispuesto a ayudarnos y concedernos sus bendiciones. Él es un Dios de amor y de gran benevolencia, que está presto para auxiliar y llenar corazones vacíos con su gracia divina. Sin que lo merezcamos, extiende su misericordia hacia nosotros. Aun cuando su respuesta no sea la que estamos buscando.


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