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UNA ORACIÓN SIN RESPUESTA

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«Para que la grandeza de las revelaciones no me exaltara, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí» 2 Corintios 12: 7, 8).

SAULO DE TARSO, siendo perseguidor de los cristianos, recibió el llamado de Dios con poder persuasivo, y sin resistencia, aceptó seguir a Cristo hasta el final de su vida. Esa luz que lo iluminó desde el cielo, penetró su corazón y fue convertido en uno de los predicadores más grandes de la historia. Pero al levantarse del suelo, no podía ver y así permaneció tres días. Angustiado al haberse quedado sin vista, no comió durante esos días. El discípulo Ananías fue enviado para bautizarlo. Colocó las manos sobre sus ojos y pronto Saulo recobró la vista.

Pablo, durante 33 años de ministerio, sufrió problemas de los ojos. Al levantarse, luchaba por ver y no podía. En esa situación, le pidió varias veces a Dios que lo sanara. Oró intensamente pidiendo la intervención de Dios. Derramó su corazón en oración ferviente. Le dijo a Dios que tuviera compasión de él. En cierta ocasión, Pablo expresó: «Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás me abofetea para que no me enaltezca» (2 Corintios 12: 7). Entendió que Dios tenía un plan para él, que se mantuviera humilde, dando gloria al Altísimo y subyugando el orgullo para que pudiera ver la gloria de Dios. Luego dijo: «Me ha dicho: bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (12: 9). La respuesta de Dios fue un rotundo «No, debes permanecer así, porque esa es mi gracia». Dios le dio gracia para soportar el sufrimiento, a pesar de tolerar toda su vida la molestia de los ojos. Pablo permaneció fiel a Dios, no lo culpó por no haberlo sanado, sino que afirmó su fe en Cristo y decidió permanecer fiel hasta la muerte. Al final de su carrera dijo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día, y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida" (2 Timoteo 4: 7, 8).

Si tu problema no es resuelto mediante la oración, no es que carezca de valor, sino que a pesar de la oración, Dios está allí sosteniendo tu mano y según su voluntad, dando respuesta a esa oración. No siempre será contestada, pero Dios responderá de alguna manera que no alcances a entender, sí ha comprendido tu necesidad.


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