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EL PRIVILEGIO DE ORAR A FAVOR DE LOS DEMÁS

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«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5: 26).

SILVANA COMIENZÓ A SENTIRSE MAL. Tras algunos estudios, encontraron que tenía cáncer de colon. Comenzó a recibir quimioterapia en un hospital reconocido de la ciudad. Después de varios tratamientos, le dijeron que nada más se podía hacer por ella: el cáncer se había extendido. Consultó otras opiniones médicas pero todos los especialistas le dieron el mismo diagnóstico. En su búsqueda de alguna esperanza, llegó a otro hospital donde trabajan algunos médicos adventistas. Uno de ellos la atendió, y ella le relató su caso.

Aunque Silvana no era religiosa, el médico le contó del amor de Dios, y que él está dispuesto a escuchar las oraciones de los que se acercan con fe. Además, le dijo que, como cirujano, podía operarla para tratar de extirpar el cáncer. Dado que era la única opción alentadora que le habían presentado, Silvana aceptó someterse a la cirugía. En el quirófano, antes de recibir la anestesia, el médico adventista hizo una oración por ella, pidiendo que Dios interviniera con su mano sanadora, los ojos de Silvana brillaron de esperanza, y expresó: «Me encomiendo a las manos de Dios».

El médico hizo todo lo posible para extirpar el cáncer. La mejoría de Silvana fue inmediata y a los diez días salió del hospital. El cáncer desapareció por completo. Silvana tiene la seguridad de que la oración del médico, no su operación, le salvó la vida. Ella quiso saber más de ese Dios poderoso y misericordioso. Entregó su corazón a Jesús, y ahora es miembro de la iglesia adventista.

Uno de los mayores privilegios que Dios nos ofrece es interceder por los demás en oración. Gracias a canales y medios que no podemos comprender, Dios actúa a favor de aquellos por los que intercedemos. E. G. White, habla de la oración de Jesús a favor de sus apóstoles: «En su oración por sus discípulos, Cristo dice que no solo oró por los que estaban en su presencia inmediata, sino “también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20)» (E. G. White, Mensajes selectos, t. 2, pág. 308).

No nos cansemos de orar por otros. Aprovechemos toda oportunidad que se presente hoy para decir una oración que bendiga a los demás.


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