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LA ORACIÓN: LA TAREA DE LA IGLESIA

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«Buscad pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra» (Hechos 6: 3, 4).

LA EXPERIENCIA de la iglesia primitiva aun es admirable. Gracias a la dedicación, a la oración, y a la unidad que procuraron tener, experimentaron un crecimiento extraordinario, no solamente en número de miembros, sino también en la vida espiritual, en la madurez de la doctrina y en la salud. Cuando se reunieron en el aposento alto, fue para orar y esperar la promesa del descenso del Espíritu Santo.

La oración fue el centro de la vida espiritual y de todas las actividades de la iglesia primitiva. Oraban para elegir a sus dirigentes, para resolver sus problemas durante la persecución, para predicar con poder el evangelio y para pedir sanidad. Cuando Pedro y Juan fueron juzgados ante el concilio, y luego liberados, los dos apóstoles regresaron a la congregación de cristianos. La iglesia se unió en oración suplicante ante el Dios soberano, pidiendo su intervención. Cuando terminaron de orar, el lugar en el que estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo para testificar con poder de la Palabra (Hechos 4: 31). La iglesia se llena de poder cuando se une en oración.

Esteban, uno de los grandes hombres de Dios en el libro de los Hechos, era un hombre de oración. Un grupo de personas que se oponía al evangelio disputaban con él, pero no podían resistir la sabiduría y el espíritu con que hablaba. Cuando lo apedrearon, cayó de rodillas, clamando a gran voz: «“Señor, no les tomes en cuenta este pecado." Habiendo dicho esto, durmió» (Hechos 7: 60). Aun en sus últimos momentos de vida, Esteban pronunció una oración de intercesión por aquellos que lo apedreaban.

E. G. White deja claro el poder de la oración:

Las mayores victorias de la iglesia de Cristo o del cristiano no son las que se ganan mediante el talento o la educación, la riqueza o el favor de los hombres. Son las victorias que se alcanzan en la cámara de audiencia con Dios, cuando la fe fervorosa y agonizante se aferra del poderoso brazo de la omnipotencia (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 179).

Como iglesia de Dios en los últimos días, debemos reunirnos para orar y esperar el cumplimiento de la promesa del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía. La oración traerá victorias y poder para proclamar el mensaje. Anhelo que los momentos más dulces que pases con Jesucristo sean por medio de la oración.


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