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MIRAR A JESÚS ES TODO

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«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12: 2).

EL GRAN LÍDER DEL PUEBLO DE ISRAEL, Moisés, fue un hombre que depositó toda su confianza en Dios. Cuando el Padre le pidió que llevara al pueblo a la tierra de Canaán, él clamó de esta manera: «Si tu presencia no ha de acompañarme, no nos saques de aquí» (Éxodo 33: 15). Dios respondió a su gran deseo y disposición: «Mi presencia te acompañará, y te daré descanso» (Éxodo 33: 14). De esta manera, Dios guió a su pueblo por el desierto hasta llegar a Canaán. Los guió de día con una nube que los cubría del sol y de la tempestad, y que les indicaba el camino correcto. De noche, se valió de una columna de fuego que les alumbraba para ser librados de los animales feroces y venenosos.

Moisés escribió el Salmo 91 mientras andaba por el camino del desierto: «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: “Esperanza mía y castillo mío, mi Dios, en quien confiaré”» (Salmos 91: 1, 2). ¿Quieres poner tu vida en las manos de Dios y unirte a él para siempre? El apóstol Pablo menciona: «De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él» (Colosenses 2: 6). Debemos andar con Cristo en el Espíritu (Efesios 4: 1, 3), en la unidad de la fe (vers. 13) y en el amor (vers. 15).

Cuando nos unimos al Señor, llegamos a ser uno con él. Así lo dice la Escritura: «El que se une al Señor, un espíritu es con él» (1 Corintios 6: 17). Es por eso que «la única defensa contra el mal consiste en que Cristo more en el corazón por la fe en su justicia» (E. G. White, El Deseado de todas las gentes, pág. 29l). Hoy, Cristo nos invita: «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3: 20).


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