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LA ORACIÓN Y EL ESTUDIO DE LA BIBLIA

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«Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra» (Hechos 6: 4).

UNO DE LOS EJEMPLOS más grandes de una vida de oración es el de nuestro Señor Jesucristo, quien dedicó tiempo suficiente a la oración como medio para mantener su relación con el Padre y hacer su voluntad. La oración era una de sus prioridades diarias. Pasaba noches enteras orando a solas con Dios. Cuando le tocó elegir a sus doce apóstoles, la oración desempeñó un papel importantísimo: «En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios» (Lucas 6: 12). E. G. White enfatiza este hábito de Jesús:

Ninguna vida fue tan llena de trabajo y responsabilidad como la de Jesús, y, sin embargo, cuán a menudo se le encontraba en oración. Cuán constante era su comunión con Dios [...]. Como uno de nosotros, participante de nuestras necesidades y debilidades, dependía enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración, buscaba fuerza divina, a fin de salir fortalecido para hacer frente a los deberes y las pruebas (E. G. White, A fin de conocerle, pág. 257).

Charles Swindol, en su libro Pásame otro ladrillo, menciona que la oración nos hace esperar, nos ayuda a dejar la situación en las manos de Dios, aclara nuestra visión y se encarga de deshacer la neblina que haya en nuestro camino. La oración tranquiliza el corazón y reemplaza la ansiedad por un espíritu de calma. La oración activa nuestra fe, nos da confianza y seguridad en Dios. Para mantener nuestra relación con Jesús, es necesario además el estudio constante de su Palabra (Juan 5: 39). El consejo es: Guárdese de no descuidar la oración secreta ni el estudio de la Palabra de Dios. Estas son las armas que debe emplear en contra de aquel que lucha por impedir su progreso hacia el cielo. El primer descuido de la oración y del estudio de la Biblia hace que el segundo sea más fácil. La primera oposición a la súplica del Espíritu prepara el camino para la segunda oposición. Esa es la forma como se endurece el corazón y se cauteriza la conciencia (White, Exaltad a Jesús, pág. 293).

En su libro La evangelización en la iglesia primitiva, Michael Green comenta: «Todo reavivamiento espiritual empezó en grupos pequeños de oración y estudio en momentos de quietud y compañerismo» (pág. 365). El estudio de la Biblia y la oración se potencian entre sí, profundizan nuestra relación con Dios y perfeccionan nuestro carácter. Hoy, dediquemos tiempo suficiente para orar y meditar en su Palabra.


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