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LAS CLAVES DEL REAVIVAMIENTO

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«Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras bien acabadas delante de Dios» (Apocalipsis 3: 2).

DONALD A. McGRAVAN fue uno de los pioneros en el estudio del crecimiento de iglesia. En su libro Entendiendo el crecimiento de iglesia, destaca que la oración y el estudio de la palabra de Dios conducen al reavivamiento, y que la confesión y la restitución nos hacen sensibles al reavivamiento. Esto nos conduce a una vida santa, al poder de Dios y a la proclamación del evangelio. El reavivamiento incluye cinco etapas: una prolongada exposición a la Biblia y el conocimiento de su enseñanza; oración persistente por un reavivamiento en grupo o congregación; el descenso del Espíritu Santo, la confesión de pecados y restitución; y el testimonio vital, convincente y la influencia consecuente de los convertidos.

Si los creyentes somos renovados, nacemos de nuevo y despejamos el camino para que el Señor derrame su Espíritu Santo, la iglesia tendrá salud y crecimiento en todas sus áreas de influencia. Es claro que un reavivamiento espiritual en la iglesia siempre ha ayudado a cambiar el panorama, y ha reanimado al pueblo a alcanzar nuevos objetivos con ánimo. Así ocurrió en tiempos de Nehemías, el gobernador de Israel. Cuando Esdras, el escriba, leyó la ley de Moisés ante el pueblo, este se humilló y adoró a Dios inclinado a tierra. Luego, el pueblo se reanimó y pudieron crecer espiritualmente al producirse un reavivamiento (Nehemías 8: 1-10).

También Ezequiel habla de una renovación, de un reavivamiento, cuando Dios limpiaría de toda inmundicia e implantaría un corazón nuevo y un espíritu nuevo en sus hijos (Ezequiel 36: 26-36). Oseas, al hablar del pueblo de Israel, menciona que para todo aquel que reconoce su pecado y con insistencia busca a Dios, la respuesta celestial vendrá «como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana viene a la tierra» (Oseas 6: 1-3).

Por otro lado, el apóstol Juan enfatiza la necesidad de un reavivamiento, y recomienda que la iglesia de Laodicea compre oro refinado en fuego, que es la fe que obra por el amor; que se vista del ropaje de Cristo, su carácter, su justicia inmaculada, y que unja Sus ojos con el colirio de la sabiduría y la gracia para discernir entre lo malo y lo bueno, para ver el camino de la vida eterna (Apocalipsis 3: 18).

Si Dios renueva nuestra vida y crea un nuevo corazón dentro de nosotros, estaremos listos para recibirlo en gloria y majestad.


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