Regresar

LO MÁS PRECIADO PARA JESÚS

Matutina para Android

Play/Pause Stop
«Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7: 25).

LA PRIORIDAD de nuestro Señor Jesucristo fue buscar el beneficio de los demás. «Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19: 10). Dios había prometido: «Haré más precioso que el oro fino al varón y más que el oro de Ofir al hombre» (Isaías 13: 12). E. G. White lo expresa así: «El Evangelio concede alto valor a la humanidad como adquisición hecha por la sangre de Cristo, y enseña a considerar con ternura las necesidades y desgracias del hombre» (E. G. White, El Deseado de todas las gentes, pág. 253). Esta es la prioridad de Jesús, cumplir la misión por la que vino al mundo, salvar al hombre de su problema físico y espiritual.

Para Jesús, la prioridad fue la salvación de las almas. Un sábado, se encontró con una mujer que llevaba 18 años sufriendo de una enfermedad rara y terrible. Cuando la vio, la llamó y le dijo: «Mujer, eres libre de tu enfermedad» (Lucas 13: 12). Esta mujer fue liberada porque el Señor Jesús tenía la prioridad de que hombres y mujeres encontraran la salud y la salvación.

Sin embargo, los dirigentes judíos se enojaron, porque Jesús la ayudó en el día de reposo. Él les contestó con firmeza: «¡Hipócritas!, ¿no desatáis vosotros vuestro buey o vuestro asno del pesebre y lo lleváis a beber en sábado? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en sábado?» (Lucas 13: 15, 16). Las prioridades de los judíos eran opuestas a las de Jesús. Para Cristo, la vida y la salud de un ser humano tenían mayor valor que cualquier regla humana.

E. G. White amonesta contra el legalismo egoísta:

Los que viven para hacer bien a otros y mantienen en vista la gloria de Dios, ganarán la vida eterna. Los que no se esfuerzan sino que se dejan arrastrar por la corriente, viven para el yo. Nunca escucharán el «bien hecho» dirigido a ellos. Tenemos que hacer algo por la salvación de otros (White, Alza tus ojos, pág. 137).

Jesús nos redime de la profundidad de las tinieblas y nos sana física y espiritualmente. Él ha hecho todo por salvarnos y espera que cada día vayamos a él con un corazón contrito y humilde ante su gloria, para alcanzar plena salvación.


Envía tus saludos a: