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LAS PRIORIDADES DEL CREYENTE

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«Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: “¡Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios!” [...] "Pues os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena”» (Lucas 14: 15, 24).

LUCAS REGISTRA la parábola de la gran cena: «Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos. A la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: “Venid, que ya todo está preparado”» (Lucas 14: 17). Se hizo una invitación a muchos, pero cuando llegó la hora de la cena, todos los invitados comenzaron a excusarse. En la parábola, se presentan tres excusas para dejar a un lado lo más importante: la relación con Dios y el bienestar del prójimo, que son las dos prioridades del creyente.

El primero había comprado una hacienda y tenía que verla (Lucas 14: 18). Representa a aquellos que se sumergen en sus propios negocios y no tienen tiempo para lo más importante: su salvación y la de los otros. No tienen tiempo para orar ni estudiar. Al levantarse en la mañana, por tanta actividad y responsabilidades sobre sus hombros, se olvidan de su relación con Dios, de su devoción personal.

El segundo había comprado cinco yuntas de bueyes y tenía que probarlas (Lucas 14: 19). Estaba tan absorto en las cosas nuevas, en lo novedoso y en los nuevos descubrimientos, que descuidó el servicio a Dios. Jesús nos exhorta a que lo nuevo de la vida y la tecnología no nos aparte de lo prioritario de su obra. Hay almas que ayudar para que sean salvas por la sangre de Cristo Jesús. El reino de Dios tiene prioridad.

El tercero dijo que se acababa de casar y, por su luna de miel, no podía asistir a la fiesta del Señor (Lucas 14:20). Como este último invitado, muchas veces creemos que nuestros propios planes son más importantes que los planes de Dios. Su esposa representa la comodidad y el placer, los pasatiempos que nos desvían de lo prioritario del plan divino. Las tres excusas nos presentan una sociedad secularizada, y Jesús enseñó que los negocios del Rey demandan prioridad.

E. G. White nos amonesta:

Los que están continuamente tratando de evitar las situaciones difíciles, buscando un sendero más fácil, un camino más placentero, tendrán que enfrentar la frustración y la adversidad. Pero si fortalecen su alma para la prueba y para el deber, y marchan valerosamente hacia adelante confiando en Dios, encontrarán que el sendero de la abnegación y del sacrificio propio conducen al honor y a las riquezas celestiales en la vida futura inmortal (E. G. White, Alza tus ojos, pág. 137).

No permitas que las múltiples distracciones de la vida te aparten de Jesús este día.


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