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CRECER EN CRISTO COMO CRECE UN NIÑO

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«Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» (1 Pedro 2: 2).

SI ANHELAMOS crecer espiritualmente, necesitamos desearlo e ir a la fuente que es Cristo Jesús y, como un niño indefenso, ser sostenidos por los brazos de Cristo. E. G. White arroja luz sobre esta metáfora:

El niño no puede por su solicitud o poder propio añadir algo a su estatura. Ni vosotros podréis por vuestra solicitud o esfuerzo conseguir el crecimiento espiritual. La planta y el niño crecen al recibir de la atmósfera circundante aquello que sostiene su vida: el aire, el sol y el alimento (E. G. White, El camino a Cristo, pág. 60).

El aire y el sol simbolizan la presencia de Cristo en nuestro corazón. El alimento es la palabra de Dios que llena diariamente nuestra vida. El apóstol Pablo nos aconseja: «La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros. Enseñaos y exhortaos unos a otros en toda sabiduría. Cantad con gracia en vuestros corazones al Señor, con salmos e himnos y cánticos espirituales» (Colosenses 3: 16).

El niño crece mejor con la leche de la madre, porque procede de quien lo trajo al mundo. Tiene que ser deseada para que alimente y ayude a crecer adecuadamente. Por eso, nuestro Señor Jesucristo dijo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados» (Mateo 5: 6). Si no tenemos hambre, llegaremos a la desnutrición aunque haya suficiente alimento. El niño que no se alimenta, no crece. La persona que no se alimenta adecuadamente de la Palabra de Dios carece de fuerzas, no crecerá normalmente y entonces morirá.

El Señor Jesús mencionó en su oración pastoral: «Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad» (Juan 17: 17). La palabra de Dios es el alimento que más hace crecer al creyente.

El deseo del Señor es que crezcamos en la gracia, en la fe y en el cuerpo de Cristo, para que su amor abunde más y más en nuestra vida. Porque donde hay vida, habrá crecimiento y fructificación. Pero a menos que crezcamos en la gracia, nuestra espiritualidad se empequeñecerá y será enfermiza y estéril. Únicamente mediante el crecimiento podemos cumplir el propósito de Dios.

Hoy, elevemos nuestra mirada y fijémosla en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.


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