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EL VALOR DEL HOMBRE

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«¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra» (Salmos 8: 4, 5).

ESTO ES LO MARAVILLOSO de Dios para con nosotros. El problema es que el pecado borró esa representación de Dios en la humanidad, que se olvidó del Creador a tal grado, que Dios vio que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal (Génesis 6: 3, 5).

A pesar de la degradación del ser humano, todavía Dios nos mira con sumo interés, con el gran deseo de colocarnos en el nivel en el que fuimos creados, un poco menor que el de los ángeles, pero coronados de gloria y de honra. No merecemos este honor pero con su muerte en la cruz del Calvario Cristo nos lo concedió. E. G. White comenta: «Cristo está retratándose en cada discípulo. Dios ha predestinado a cada uno a ser conforme “a la imagen de su Hijo”» (El Deseado de todas las gentes, pág. 766).

Esta fue la experiencia de Moisés, después de pasar 40 días y 40 noches hablando con Dios constantemente. Después de esta experiencia, su vida reflejaba a Dios. Los que hablaban con Moisés lo veían diferente: su rostro resplandecía. Esa es una experiencia maravillosa. Cuando nos ponemos en contacto continuo con Dios, él nos corona de gloria y de honra, y lo reflejamos en nuestra conducta. Cuanto más tiempo pasemos a su lado y más tiempo lo contemplemos, más semejantes a él seremos.

Hoy, acércate a él, implora su misericordia y, con un espíritu humilde y contrito, invítalo a entrar en tu vida. Dedica tiempo a encontrarlo en su Palabra y en la comunión de la oración. Si pasas tiempo a su lado, tu rostro resplandecerá como el de Moisés.


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