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Ebenezer: Lugar de derrotas y victorias. (1a. parte)

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«Al escuchar los filisteos las voces de júbilo dijeron: "¿Qué gritos de júbilo son estos en el campamento de los hebreos?”. Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento» (1 Samuel 4: 6).

EL PROFETA ELÍ era un anciano de noventa y ocho años, y Samuel era muy joven, recién llamado al ministerio. En ese tiempo, salió Israel a encontrar en la batalla a los filisteos, y acampó junto a Ebenezer, mientras que los filisteos acamparon en Afec. En aquella primera lucha, Israel fue vencido por sus oponentes, quienes hirieron en el campo de batalla como a 4000 hombres.

 Luego, pensaron que les había hecho falta la presencia del arca del pacto, en que Dios se manifestaba a su pueblo. Así que llevaron el arca al campo de batalla para que los ayudara a vencer a los filisteos. El arca llegó al campamento y despertó una gran alegría entre el pueblo. Cuando los filisteos oyeron la algarabía, se preguntaron por la razón de tanto júbilo. Cuando supieron que el arca de Dios había sido traída, tuvieron miedo por la presencia de Dios. Por segunda vez, Israel volvió a la batalla y esta vez perdió a unos 30 000 hombres.

¿En qué radicó el problema? Israel, acostumbrado a vencer y obtener la bendición del cielo, se olvidó de consultar a Dios y de pedir su ayuda. No aprendió la lección la primera vez. Llevaron el arca al campamento para que la presencia de Dios atemorizara a los filisteos y así obtener la victoria, pero fueron nuevamente derrotados.

Esto nos enseña que la presencia de Dios puede estar entre nosotros, en medio de su pueblo pero mientras no esté en el corazón, viviendo en nuestro interior, seremos vencidos por el enemigo. No basta con que Dios se haga presente, sino que debe vivir en nuestro interior, obrando constantemente en nuestra mente y nuestro corazón.

El pueblo de Israel no fue capaz de preparar su vida para que, cuando Dios se manifestara en el arca, ellos fueran bendecidos, fortalecidos espiritualmente y llenos del poder de lo alto. Cuando Dios toma nuestra causa y nuestra carga sobre él, la victoria está asegurada. Hay paz en el corazón y la presencia de Dios está dentro y fuera de nosotros. Dentro para transformar nuestra vida a su semejanza, y fuera para protegernos del enemigo.

Hoy, consultemos a Dios en todas nuestras actividades y pidamos que se haga presente en nuestro interior.


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