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«Como estuve con Moisés, así estaré contigo» (Josué 3: 7).

ANTES DE CRUZAR EL RÍO JORDÁN y heredar la tierra prometida, el pueblo de Israel debía hacer una preparación sumamente urgente y decidida, porque Canaán estaba frente a ellos. Primero, debían ir detrás del arca para no perder el rumbo. Los caminos de Dios son seguros, de vida, de paz y felicidad, y la brújula apunta a la Canaán celestial. En el arca se reflejaba la presencia de Dios y se manifestaba su poder. Solamente la presencia de Dios nos puede guiar. Fue la presencia de Dios la que guió al pueblo de Israel en el desierto por 40 años y les dio agua, calor ante el frío, maná, sombra y protección ante sus enemigos. Fue así como pudieron llegar a Canaán. Dios había prometido: «Como estuve con Moisés, así estaré contigo» (Josué 3: 7).

Por orden divina, Josué pidió al pueblo que se santificara. Necesitaban entrar a Canaán sin odio y sin orgullo en sus vidas, para que Dios actuara entre ellos y ganaran todas las batallas, y así ocuparan la tierra prometida. Nadie que tuviera cuentas pendientes podría heredar Canaán. Por eso, la esposa de Lot se quedó en el camino cuando salieron de Sodoma, porque llevaba muchos deseos y recuerdos de volver a donde no debía regresar.

Ninguno de nosotros entrará en el reino de Dios sin haber limpiado su vida en la sangre del cordero, sin haberse santificado ante la presencia de Dios. Aun el pueblo en Canaán necesitaba santificación, por lo que se volvió a decir: «Santificaos para mañana, porque Dios, el Dios de Israel dice así: “Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros”» (Josué 7: 13).

E. G. White presenta el objetivo de Dios para el pueblo de Israel: Cuando Dios sacó a los hijos de Israel de Egipto, era su propósito establecerlos en la tierra de Canaán, para que constituyeran un pueblo puro, feliz y lleno de salud [...]. Los sometió a un sistema de disciplina que, si lo hubieran seguido alegremente, habría resultado para el bien, tanto de ellos mismos como de su posteridad (E. G. White, Consejos sobre el régimen alimenticio, pág. 452).

Prepárate, prepárate, ya se acerca Canaán. Cristo viene pronto. Maranata.


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