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El amor profundo de Jesús

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«Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres» (Filipenses 2: 6, 7).

JESÚS VINO A CUMPLIR una misión en dos dimensiones: proclamar las buenas nuevas del evangelio y ministrar a los necesitados. Es por eso que para llegar a la gente y ponerse en el lugar de ellos, tomó la forma de hombre, despojándose de la gloria divina y hecho semejante al humano para familiarizarse con las pruebas que le acosarían. Por eso es nuestro mediador e intercesor delante del Padre.

El Ser glorioso amó tanto a los pobres pecadores que tomó sobre sí la forma de un siervo para sufrir y morir en favor de los hombres. Jesús pudo haber permanecido a la diestra de su Padre, con la corona real en la sien y vistiendo las ropas reales. Sin embargo, escogió cambiar las riquezas, el honor y la gloria del cielo por la pobreza de la humanidad y su posición de alto mando por los horrores del Getsemaní y la humillación de la agonía del Calvario. Se hizo varón de dolores y experimentado en quebrantos para, mediante el bautismo de sufrimiento y muerte, purificar y redimir un mundo culpable (E. G. White, Testimonios para la iglesia, t. 4, pág. 122).

John Maxwell, hablando de los elementos de éxito en una empresa, menciona un estudio entre 16 000 ejecutivos. Se encontró que 13% eran triunfadores. A estos ejecutivos les caracterizaba lo siguiente: trataban bien a la gente, se llevaban bien con ellos en el trabajo y eran sensibles a sus necesidades.

Por otra parte, Dylan, un niño de seis años, estaba preocupado por su amigo Jonah de siete, quien sufría una terrible enfermedad y sus padres no tenían dinero para hospitalizarlo. Llevó a cabo la idea de hacer un libro para recaudar fondos y ayudar a su amigo. Él mismo lo escribió e hizo los dibujos. Le puso Chocolate, y en la portada, mencionó que quería ayudar a su amigo con la venta de ese manuscrito. En poco tiempo, Dylan recaudó 200 000 dólares.

Las dos referencias anteriores nos sirven para reflexionar en la importancia de tener cuidado y empatía hacia los demás. Ahora vayamos un poco más lejos: Jesús dio su vida por nosotros, a quienes considera sus amigos. No escatimó nada para salvarnos, y hoy quiere entrar en nuestros corazones sin reservas.


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